—Entonces, ¿la desmemoriada ya sabe que es una Moretti? —preguntó Jarek, deteniendo con firmeza un golpe que Dante lanzó directo a su rostro. El sonido seco del impacto se perdió entre el viento. Ambos estaban sin camisa, con las manos envueltas en vendas negras. Sus torsos eran duros, marcados por el entrenamiento constante. El área donde peleaban estaba al aire libre, dentro de la mansión. Había sacos de golpeo, estructuras metálicas, pesas, y hombres de la mafia entrenando en distintos puntos. Dante no respondió de inmediato. Se limitó a mirarlo con frialdad antes de soltar un golpe rápido que Jarek esquivó por poco. —Sí —contestó finalmente, seco. Jarek giró el cuello, esbozando una media sonrisa. —Vaya, eso cambia las cosas. —No cambia nada —replicó Dante, lanzando otro golpe,

