El semen caliente cubrió su mano, mientras Dante dejaba escapar un sonido áspero, grave, cargado de placer y rendición momentánea. Se quedó así un instante, respirando contra su cuello, antes de enderezarse. Cuando habló, lo hizo con una sonrisa ladeada, altiva, satisfecha. —Mira lo que hiciste, solecito. Hiciste que me corriera como un puto adolescente. *** El agua corría caliente sobre su espalda, resbalando por los músculos tensos. Dante apoyaba las palmas abiertas contra el muro de la ducha, tenía la frente inclinada hacia abajo, los ojos cerrados. Respiraba hondo, como si necesitara ese momento para contener algo que ardía bajo su piel. Aun estaba presente la sensación de la mano de Gabriella envolviendo su v***a, el calor de su palma, la manera en que había deslizado los dedos s

