Entre ellos, una versión más joven de Gabriella sonreía. Debía tener unos quince años. Y junto a ella, un niño de cabello n***o y ojos azules que rondaría los once. Gabriella frunció el ceño. El niño tenía el cabello y los ojos diferentes a los de sus padres. Sin embargo, su rostro se parecía mucho al de su padre, con los mismos rasgos duros y serios. —Mi hermano… —murmuró. Rita asintió, sonriendo con cierta nostalgia. —El pequeño Massimo. Siempre la seguía a todas partes. Gabriella apartó la mirada. Sentía un nudo en la garganta. Estar ahí, frente a esa fotografía, era como mirar una vida ajena. Reconocía su rostro, pero no sentía nada familiar. Era como si viera los recuerdos de alguien más. —¿Qué sabes de mi padre? —preguntó a Damiano de pronto, sin poder contenerse. Su voz tembl

