Gabriella sintió que sus mejillas ardían. Pero no podía negar que quería hablar de ello con alguien. Y al parecer ella Titi se habían contado detalles bastante íntimos en el pasado, de otra forma no podría explicarse como es que sabía que Dante estaba bien dotado. —Aún no —respondió bajando la voz—. Pero… —se aclaró la garganta— nos hemos tocado. Y besado. Bastante. Eso cuenta como sexo con ropa. Titi soltó una carcajada. —Eso no me sorprende. Dante siempre ha sido intenso contigo. —Duerme en otra habitación —admitió Gabriella con un pesar que a ella misma le sorprendió—. Creo que quiere darme espacio. Titi negó con la cabeza. —Se que no es tu culpa nada del accidente. Pero a mí me consta todo lo que él sufrió. No tienes idea de la forma en que se aferró a la idea de que estabas viv

