El sur de Texas era un caos envuelto en polvo y calor. Las tres semanas que Dante y Jarek llevaban ahí habían sido todo menos tranquilas. El primer cargamento había llegado, pero con demasiadas complicaciones, y ahora esperaban el segundo. Todo debía fluir como un mecanismo preciso, sin errores y sin interrupciones, pero la policía había estado rondando más de lo normal, metiendo la nariz donde no debía. Inspecciones sorpresa, patrullas estacionadas en zonas donde jamás se detenían, recorridos que no correspondían a esa área. Algo no estaba bien, y para Dante era como un mal presentimiento anclado en la nuca. —Otra patrulla pasó hace diez minutos —informó uno de los hombres mientras revisaba un mapa extendido sobre la mesa metálica. —Demasiado cerca del punto de entrega —gruñó Dante, con

