Azul Cuando llegué a casa, lo primero que sentí fue tensión. Bianca estaba en el salón, de pie, con los brazos cruzados y los ojos rojos de rabia. Su expresión era una mezcla de furia y descontrol. Me miró como si yo hubiera incendiado la casa. —¿Qué te pasa? —pregunté, dejando mi bolso sobre la mesa—. ¿Te sientes bien? —¡No te hagas la estúpida! —gritó, avanzando hacia mí. Fruncí el ceño, sorprendida. —Bianca, ¿qué te pasa? Solo te estoy preguntando… —¡Claro que sabes! ¡Tú le dijiste a Alessandro que viniera! ¡Tú lo enviaste! ¡Tú hiciste que me encontrara con él en la cama con Aaron! Me quedé en shock. —¿Qué? ¿De qué hablas? ¡Yo no le dije nada! ¡Te juro que no tenía ni idea de que iría a casa! Él me dejó tirada después de gritarme como un loco… no volví a verlo. —¡MENTIRA! —chil

