Ella dominaba, estaba encima de mí no solo como dueña y señora de la circunstancia sino también de mí. Comenzó a darme pequeños besos y a descender por mi cuello para posarse en mis pectorales acariciándome y besándome con mucha maestría, poniéndome a millón, pero lo más sorprenderte, fue que ante el obstáculo representado por la camisa del pijama, el cual me coloqué para bajar a buscarla, no se inmutó en abrirla con violencia haciendo salir los botones disparados a todos lados, ante mi rostro de sorpresa y sus carcajadas encantadoras. Definitivamente había creado un monstruo, aunque este tenía el aspecto de la mujer más hermosa del mundo, en mi vida había visto a alguien como ella. Metí mi mano por el interior de su camiseta, para acariciarla y me encontré con sus pechos libres, sin

