Las manos comenzaron a sudarme, a pesar de Camillo estar sosteniéndome una. Sentí una corriente fría recorrer mi espina dorsal, mi corazón se aceleró cuando vi a mi abuelo en vez de responder las palabras de Camillo, levantarse de su asiento y ordenarle en tono frío. —¡Levántate y ven! —Camillo soltó mi mano y se levantó sin titubeo, muy decidido, yo me iba a levantar para acompañarlo, pero mi abuela me detuvo. —¡Déjalos! —Exclamó con seriedad tomándome de la mano. Me solté de su agarre, quedándome inquieta al observar salir a los dos hombres, mientras expresaba molesta. —¡No! No voy a permitirle a mi abuelo le haga daño. Fui una ilusa, pensando ustedes serían capaces de respetar mi decisión y nos apoyarían, pero son iguales a todos —exploté molesta, mi abuela me observó s

