VIII

1001 Words

Aquél inesperado encuentro con el señor Blackthorne se perpetuó en la mente de Emmeline el resto de la noche. En la cocina, mientras la pequeña Lucile ponía toda su concentración en lo que dibujaba y la señora Elena terminaba la cena, Emmeline se encontraba sumida en sus pensamientos, pudiendo sentir aún aquella voz profunda deslizándose por su columna como una caricia gélida y la intimidante sombra a sus espaldas, tan oscura que parecía albergar secretos en sus profundidades. El señor Blackthorne continuaba siendo un enigma para Emmeline pero, tras aquél momento, comenzó a dudar si era prudente adentrarse más en su misterio. —¿En qué tanto piensas? —la voz suave de la señora Elena la sacó de sus pensamientos. Emmeline pestañeó y alzó sus iris azules en dirección a la mujer que la obs

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