Iris
—¡Michael! — Grito su nombre después de salir de mi sorpresa al ver a Michael golpeando a su hermano. Inmediatamente corro para intentar separarlos.
—No te acerques, Iris— me dice mi suegro, a quien ni siquiera había visto.
Detrás de él está Dan y Albert, amigos de mi esposo. El primero es un chico amable y el segundo, siempre trata de humillarme.
—Lleven a estos dos al despacho— ordena mi suegro y ambos hombres toman a mi esposo y su hermano por la espalda para separarlos y luego a empujones llevarlos hacia la oficina de casa, en donde Michael siempre se encierra cuando viene a casa.
Mi suegro se acerca a mí y toma mis manos con suavidad.
—Querida, ve a cenar con Rose y luego descansa— a través de su voz y su apretón de manos intenta calmarme.
—Yo voy a arreglar todo—Esa frase me suena a una promesa que me deja intrigada.
Asiento aún aturdida por todo lo que acabo de ver.
Rose me toma del brazo y me lleva a la cocina.
Al poco tiempo me lleva la comida y en total silencio termino mi cena, que no me sabe a nada por la preocupación.
—Señora, vaya a descansar. Ya todo está bien— Rose intenta ayudarme de nuevo para ir a la habitación. Me dejo llevar aun pensando en las palabras de mi suegro.
Minutos después la curiosidad se apodera de mí y con todo y la pijama recién puesta salgo en dirección al despacho.
Para mi fortuna la puerta no está totalmente cerrada.
—Deja de decir estupideces, Liam. Termina ese maldito café para que regreses a tus sentidos lo más pronto posible— dice mi suegro enojado.
—No son estupideces, padre— dice Liam muy seguro de sí mismo.
—Lo son y si no te retractas de ellas te romperé de nuevo la boca— amenaza mi marido.
Desde mi escondite puedo verlo de perfil. Se ve tan guapo y sexy con su porte desaliñado por la pelea, a ese hombre todo le queda. Veo sus manos abriéndose y cerrándose en puños, está enojado, muy enojado y listo para golpear a Liam de nuevo.
—No lo haré. La estás lastimando, Michael. Cada día que la ignoras o te burlas de ella estás rompiendo su espíritu, le rompes su corazón…—dice con dolor mi mejor amigo.
Mis lágrimas amenazan con salir, sé que habla de mí.
Hace meses que no salgo a ningún lado, dejé de programar, puse en pausa la escuela, toda mi vida está paralizada por este matrimonio. Liam ha sido un buen amigo que viene a verme cada que puede, pues también está por terminar una especialidad en derecho internacional, él llena de alegría esta casa.
Sin embargo, lleva un par de semanas sin venir, algo raro en él.
—¿De qué hablas? —pregunta mi suegro.
—Dile, Michael—mi esposo se queda callado—Tiene un par de semanas que me prohibió venir a ver a Iris. No quiere que esté cerca de su “esposa” porque no quiere que le diga que su querido esposo sigue con Loren— de nuevo, siento mi corazón doler.
Loren…la exnovia de mi marido. Aquella con la que pasó nuestra noche de bodas, la que me dijo días después que ya no estaba en su vida.
La misma mujer que mis suegros odian porque es una interesada que solo está cerca de Michael por su dinero, que incluso lo ha engañado con otros.
—Michael ¿Es verdad? — pregunta mi suegro muy alterado.
Doy un paso más cerca de la puerta para escuchar con claridad su respuesta. Parece que mi corazón se queda paralizado esperando que mi esposo diga que no es cierto, que no la ve, para volver a latir.
Pero mis esperanzas se van a la basura.
—Sí, la sigo viendo. La amo— dice con seriedad.
—¡¿Cómo puedes hacer eso?! — Grita mi suegro.
—Papá, si no me hubieras amenazado con lo que realmente me corresponde no me hubiera casado con Iris—
—Loren no es buena para ti y lo sabes. Es una interesada…—
—¡No lo es! Piensas eso de ella porque no tiene el dinero que esa niñita caprichosa con la que me hiciste casar. ¿Qué tiene de bueno Iris? ¿Su dinero? Ese dinero no es de ella, es de sus padres. No tiene nada por ella misma. Al contrario, Loren se ha partido la espalda para ser una de las mejores abogadas de Chicago, pero tú te has empeñado en ponerle trabas— Michael avienta con furia todo lo que tiene en su escritorio.
¿Qué tengo de bueno? ¿El dinero de mis padres?
Si tan solo se diera la oportunidad de conocerme sabría que soy rica, más rica que él y toda su familia por mi propio esfuerzo.
—No le estoy poniendo obstáculos a tu exnovia, si no ha logrado nada es por ella misma, porque es inútil, pero nunca lo vas a entender. Tampoco puedo creer que pienses de esa manera de Iris, la conoces desde que era una niña, sabes de lo que es capaz…—
—¿De qué es capaz? ¿Hablar un par de idiomas, saber cocinar, estar encerrada en casa, arreglarse para un par de fiestas al mes a los que me obligas a llevarla? —
—¡Basta, Michael! No voy a permitir que sigas hablando de esa forma. Eres un terrible marido, no le quieras echar la culpa a ella. Si tan sólo me hubiera casado yo con ella no estaría sufriendo contigo, yo sí la amo…—suelta Liam con balbuceos ebrios y con molestia.
La risa de Michael es como la mismísima risa del Diablo.
—Si tanto te gusta, quédatela— dice con voz oscura llena de odio.
—Michael— reprende mi suegro.
—No, nada de Michael. Si mi querido hermanito quiere a mi esposa desabrida, sin chiste, a esa niñata caprichosa e inútil, por mí que se la quede. Al final quedará entre familia y su dinero será de los Harris como quieres…— un golpe me hace saltar en mi lugar.
A través de mis ojos llorosos puedo ver como Michael se soba su mejilla y a mi suegro aún con la mano levantada, mientras sus amigos se ríen de la situación.
—Es la primera y última vez que me pegas, padre. Porque todo el respeto que te tengo lo perderás si intentas hacerlo de nuevo— se acerca a su padre tratando de intimidarlo.
—No amo a Iris, nunca lo haré, por más que ella se esfuerce o por más que tú, mi madre o el señor Martakis quieran que lo haga. El amor no se puede forzar. No la amo, escúchame bien, padre, la odio y no sabes cuánto, pero lo sabrás si me sigues presionando, porque por cada vez que quieras o me pidas que la lleve a algún lugar, que la trate bien, que siquiera comparta algo con ella, yo la odiaré más, la humillaré y la haré sufrir hasta destruirla completamente— cada una de sus palabras, que dice con los dientes apretados, se entierra como un cuchillo en mi corazón.
—Te desconozco—dice su padre con esa misma voz oscura.
—Hermano— Michael levanta su mano para callar a Liam.
—No te quiero ver en esta casa ni cerca de Iris. Si la quieres pelea por ella cuando tu padre muera y yo pueda heredar todo lo que me corresponde. No antes, porque hasta que no tenga la empresa en mis manos no me divorciaré de esa fastidiosa y mala esposa— dice tajante.
Con pasos temblorosos camino a mi habitación, mi único lugar seguro.
Cierro los ojos y siento las lágrimas correr libres por mi rostro. El dolor se instala en mi pecho haciendo que no pueda respirar bien.
Me duele, me duele su desprecio y que solo me vea como una herramienta para obtener su herencia. Me duelen sus palabras, la manera en la que se refiere a mí, esas mismas palabras con las que me humilla siempre.
Después de bastante tiempo, ya sin lágrimas y con el cuerpo entumido por estar en la misma posición tomo una decisión que hace días venía rondando en mi cabeza.
“Nunca más, Iris”
—Nunca más— repito en un susurro.
Sin pensarlo dos veces me levanto con rapidez, a pesar del dolor, y comienzo a empacar mi ropa, mis documentos al mismo tiempo que mi mejor amiga, Agatha, reserva mi vuelo directo a Suiza, el lugar del que no debí salir nunca.