Me desperté con un latigazo de dolor atravesándome la sien. La habitación daba vueltas, y por un instante deseé no abrir los ojos, no enfrentar la realidad, no recordar absolutamente nada. Pero la memoria es cruel: el beso de anoche regresó como una aguja en el pecho. Y detrás de ese beso… lo otro. La forma en que me tomó como si fuera un objeto que podía usar y soltar a su antojo.Sentí un nudo duro en la garganta.No quiero ser débil. No voy a volver a caer entre sus brazos. No lo merece. No me merece.Él no es más que un miserable. Me obligué a ponerme de pie, respirando hondo para que no se notara el temblor en mis manos. Agarré mis maletas con torpeza y salí al pasillo. Ahí estaba Kane, ya listo, sosteniendo su propia maleta con esa postura recta que siempre me daba calma. Su mirada se

