Ahí estaba frente a mí: Anisha.Cabello oscuro perfectamente lacio, ojos cafés que siempre parecían calculadores… igual que los de su madre, Nadia, la mujer que le había arruinado la vida a mi mamá.Una de las tantas amantes de mi padre antes de casarse con mamá. Nunca entendí por qué aceptó hacerse responsable de la hija. Anisha creció con los tíos de Nadia, unos miserables que la maltrataban, y mi papá terminó pagándole colegios, viajes, un futuro. Ella venía algunos veranos.Siempre me pareció frívola, superficial… una nena que jugaba a ser aristócrata con la plata de mi padre. Y, claro, mamá, tan buena como es, siempre le tuvo lástima.Anisha dio un paso hacia mí, con la misma actitud suave, casi melosa, que usaba cuando quería sacar ventaja. —Emma… —susurró—. Lamento mucho lo de Taku

