Emma Estaba realmente enfadada. No… enojada no alcanzaba a describir lo que hervía dentro de mí después de descubrir las malditas cámaras de Cedrik.Niko se encargó de revisar cada rincón de la casa, de reforzar la seguridad, de borrar cualquier rastro del control enfermizo de ese Yakura. Yo, en cambio, subí a la habitación de Xavier. Al abrir la puerta, lo encontré recostado en la cama, con ese aire de arrogancia tranquila que solo él podía tener incluso vendado y convaleciente. —Shogun, ¿vienes a darme la sopa…? —se burló, alzando una ceja con descaro. Me crucé de brazos. —Pues es lo que debería hacer —respondí, seca. Él soltó una risa breve y cálida, esa que siempre me irritaba y me tranquilizaba al mismo tiempo. —Ya es una tortura que no me dejes tocarte —se quejó, teatral—. Y a

