Salí corriendo del edificio con mis dos escoltas detrás, sin escuchar nada, sin ver nada más que el humo espeso que se elevaba frente a la entrada.Mi corazón se rompió antes de llegar. El coche estaba hecho cenizas, retorcido, ennegrecido… irreconocible. Y había dos cuerpos calcinados en el suelo. Sentí cómo las piernas me fallaban. Caí de rodillas, temblando, y un grito se me atoró en la garganta mientras mis manos buscaban entre los restos, aunque sabía que era inútil. —Xavier… Xavier… —susurré, sin voz. El dolor me ahogaba. Las lágrimas no paraban, no podía respirar, no podía pensar y de pronto, unos brazos fuertes me sujetaron por detrás.Me giré, desesperada, tratando de zafarme. Era Kane. —Emma… tranquila, tranquila, mírame —susurró, tomándome de los hombros. Yo no entendía

