Narra Dylan. Me quedé detallando cada una de sus facciones. Sus ojos de color avellanas me miraban con curiosidad, su piel brillaba indicándome lo tersa que estaba. Su silueta era tan exquisitamente bien formada, que me parecía irreal. No podía creer que la estaba viendo, que después de tantos años la tenía cerca de mí. Por un instante pensé en lanzarme contra ella, abrazarla; pero ese sentimiento solo duró un instante, porque su engaño llegó a mi mente poco después, llevando con él, el más amargo de los recuerdos. —Adelante, señora —le dije con desdén, fingiendo que no recordaba su nombre para molestarla, porque sabía que eso la iba a irritar. Bajó la mirada. Estaba nerviosa, podía percibirlo, así que en ese momento mi ego creció, dejándome saber que algo causaba en ella, y que era imp

