Narra Dylan. Había pensado en prepararle a Helen la mejor primera noche de su vida, pero apenas llegamos a Dublín la sentía tensa, como queriendo decirme algo. Y aunque no estaba seguro si ella quería ir más allá conmigo, su piel, su mirada, e incluso su respiración me lo indicaba, me lo gritaba. Aquella noche fue mágica, estaba incontrolable por tenerla. Su cuerpo era insaciable y yo disfrutaba tomarla y hacerla mía hasta cansarme. Me sentí afortunado por ser el primer hombre en su vida, aunque me dio mucho dolor verla llorar, pero poco después con mis caricias calmé el dolor que le había causado. A la mañana siguiente me levanté temprano. Tenía planes para llevarla a conocer la ciudad, así que la dejé dormida después de darle un beso y acariciar su cabello. Se veía cansada. —Miguel

