Eme y Don se sentaron en la sala de espera, sus miradas entrelazadas en una mezcla de emociones. El hospital estaba lleno de sonidos familiares: voces susurrantes, pasos apresurados y el distante eco de monitores. Eme se abrazaba a sí misma, intentando mantener la calma, mientras Don, a su lado, parecía hundido en sus propios pensamientos. Don rompió el silencio, con la voz apenas un susurro: –Eme… yo... realmente lo siento. Sé que te lastimé al dejarlos ir, sé que cometí errores... Pero quiero hacer lo que sea necesario para que podamos estar juntos de nuevo. Estoy dispuesto a tomar terapia, a hacer lo que me pidas, pero por favor... no me dejes fuera de sus vidas. Ella lo miró, sin poder evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas, aunque no dejaba que cayeran. –¿En serio harás tera

