La noche antes de la boda, los nervios de Emily eran palpables mientras compartían una cena elaborada en una parte del extenso jardín de la mansión de Don.
Él la presentó a numerosas personas, incluyendo a Chiara Ferrante, la ex modelo que Emily conocía solo por las revistas y TMZ. Chiara fue encantadora y se mostró muy amable con ella, lo cual la sorprendió. La hermosa mujer estaba junto a su marido, un conde inglés muy apuesto.
La velada también incluyó la presentación de alguien que Don describió como sumamente importante en su vida.
— Él es mi "padrino", Angelo Giardino. Si no fuera por él, aún estaría en las calles — dijo conmovido y los hombres se abrazaron. Angelo era un hombre alto y musculoso de cabello y barba gris bien cuidados, estaba junto a una atractiva mujer rubia, Marietta, que estaba en sus cincuenta años pero lucía impecable.
Emily sabía muy bien quién era Angelo: un individuo acusado de tener vínculos con la mafia, aunque nunca habían podido comprobar nada en su contra. Angelo, el cliente más importante de Don, tenía una presencia imponente, más parecida a la de un modelo alto y musculoso, que a un mafioso. Al besar la mano de Emily, mostró una sonrisa seductora.
— Un placer signorina, confieso que estaba muy intrigado por conocer a la joya de Don, él no para de hablar de ti — le dijo y ella se sonrojó.
— El gusto es mío, señor...— dijo bajando la mirada. Para esa noche tenía un vestido largo y lánguido lencero también de Dior. Su cabello estaba alisado y peinado con una especie de gel, y sus únicos accesorios eran dos pendientes largos de diamantes que le regaló Don para la ocasión que hacían juego con su importante anillo de compromiso. Que estaba junto al cintillo más sobrio que le había regalado primero su novio.
— Dime Angelo cara...— murmuró con una sonrisa seductora, pero fue interrumpido por los gritos de Magdalena que llegó corriendo incluso con sus zapatos altísimos y ese vestido diminuto que traía que se sostenía por delgadas tiras, era un milagro que no hubiese quedado como Dios la trajo al mundo con esa carrera que hizo para tirarse a los brazos de Angelo.
La joven abrazó muy efusivamente a Angelo de hecho. Y a Eme no se le escapó el gesto de desagrado de Marietta, su mujer.
Y en parte ella la entendió pues Magdalena, la hermana de Don, traía ese atrevido vestido rojo ajustado al cuerpo con la espalda descubierta hasta el tope pues prácticamente dejaba ver la raya de su culo y apenas tapaba sus nalgas. Muy provocativa, y claro, se había llevado muchas miradas, así que cuando Angelo liberó de su abrazo a la jovencita a Eme no se le escapó el modo en que sus ojos se desviaron por un momento hacia el escote de Magdalena.
Fue poco después de aquello que inició la fabulosa cena. Esta contó con un menú exquisito creado por el renombrado chef italiano Massimo Bottura.
Para comenzar, se sirvieron exquisitas entradas que incluyeron una selección de antipasti como burrata fresca con tomate de temporada y carpaccio de ternera con trufa blanca.
El plato principal fue una experiencia gastronómica única, con opciones que incluyeron ossobuco con risotto a la milanesa y lombarda con polenta cremosa. La excelencia de la cocina italiana se reflejó en cada bocado, destacando la maestría del chef que Don había elegido especialmente, al igual que el menú que ambos seleccionaron, para esa noche y la siguiente.
Pero el punto culminante de la cena fueron los postres, donde la creatividad y la tradición italiana se fusionaron, tal como lo había deseado Eme. Un tiramisú reinventado con toques contemporáneos que le recordaba al de su nonna y una panna cotta de frutas de temporada que fueron el deleite final para los comensales, dejándolos completamente satisfechos.
Y claro que cda plato fue maridado con vinos selectos de las mejores bodegas de la región, añadiendo un toque sofisticado a la noche previa a la boda. Aunque la joven novia bebió jugo cosa que no se le escapó a ninguno de los invitados.
Precisamente en cuanto a los invitados, el asunto fue completamente diferente al de la excelente comida. La pareja de Angelo y su esposa, así como Magdalena eran los que estaban sentados más próximos a los novios y durante la cena, Marietta demostró muy mal genio, algo de lo que Emily no la pudo culpar especialmente después de ver el papel de que Magdalena interpretó cuando saludó a su marido. Aparte la joven, que estaba sentada frente a él, no perdía oportunidad para inclinarse y mostrar su profundo escote.
Pero Emily se dijo que esa noche y la siguiente era de ellos, así que trato de ignorar lo que pasaba y centrarse en su futuro marido cuyo rostro brillaba de un modo en que, luego de lo de su bebé , nunca había visto.
— ¿Eres feliz? — le dijo en un momento tomando su mano y besándola con evidente cariño.
Ella asintió con los ojos llenos de lágrimas y le dió un dulce beso.
— Soy muy feliz...debo ser la chica más afortunada del mundo — dijo y sonrió antes de juntar la frente con la de él.
Se dijo a sí misma que todo lo que importaba en definitiva eran ellos dos y el bebé por nacer, y nada podía hacerla más feliz, pero hacia el final de la velada, y luego del postre, ocurrió algo que la conmovió profundamente.
Fue para el brindis. Don levantó su copa, captando la atención de todos en la mesa, y con una sonrisa radiante, comenzó su discurso preparado sin que ella supiera, especialmente.
— Queridos amigos, familiares, y aquellos que se han convertido en ambas cosas a lo largo de los años. Estoy verdaderamente emocionado de tenerlos aquí esta noche, compartiendo este momento especial. Así que propongo que hagamos un brindis — dijo y miró a cada uno —. Brindemos por la vida, la amistad y, por supuesto, el amor — completó y miró a su hermosa novia.
Los invitados alzaron sus copas en un gesto unificado, con palpable entusiasmo.
— Agradezco a cada uno de ustedes por ser parte de este capítulo que estamos escribiendo aquí junto a mi hermosa novia. Esta noche no solo es el preámbulo de la boda que se avecina, sino también un tributo a las conexiones que hemos forjado entre todos a lo largo de este tiempo. Sin embargo, permítanme dedicar este brindis a alguien muy especial — dijo Don y giró su mirada hacia Eme quien lo observaba con ojos brillantes y expectantes —. A Emily, o Eme como le decimos quiénes la amamos — dijo con una sonrisa cómplice y todos rieron, y luego la miró intensamente —. Eme, bella mía, eres la mujer de mi vida, la que siempre soñé...Tu belleza no solo reside en tu aspecto deslumbrante, sino en la profundidad de tu hermoso corazón y en la fuerza de tu espíritu, así también como en tu marcada generosidad y gran empatía — exclamó y luego miró nuevamente a todos —.Desde el momento en que entró a mi vida, todo cambió para mejor. Así que gracias amore mío. Gracias por ser mi compañera, mi amor y mi amiga. Este brindis es por nosotros, por lo que hemos construido hasta aquí y por lo que construiremos juntos de cara al futuro...— finalizó y la besó con pasión. Aunque no habían dicho nada de su embarazo para la mayoría se hizo evidente el estado de Eme. Muchas mujeres la creyeron astuta y la miraron con envidia mientras algunos hombres pensaron que el afortunado era Don por haber encontrado esa hermosa joya.
Pero en definitiva, todos aplaudieron, algunos con genuinas lágrimas en los ojos, mientras Eme sonreía con gratitud a la pequeña multitud. Don le guiñó un ojo antes de continuar.
— Que esta noche sea un recordatorio de que, a pesar de lo que nos acontece día a día, el verdadero amor es más fuerte que todo. Brindemos por esta gloriosa cena que compartimos y por los momentos que aún están por venir. Y la familia que estamos por construir. Salute — dijo y todos brindaron con las personas de enfrente y al lado.
La copa de Don chocó con la de Emily que tenía jugo, sellando el brindis que marcaba el preludio de la gran boda que se avecinaba y de la nueva vida que vendría.