Eme caminaba por los pasillos de la casa de Don con Tim a su lado, sintiendo una mezcla de emociones tumultuosas. Por un lado, estaba tensa, consciente de la tensión latente entre ella y Don, pero por otro, el entusiasmo de Tim era palpable, sus ojos brillaban con curiosidad y emoción mientras exploraban cada rincón de la nueva casa. —¿Puedo bajar, mami? Quiero caminar solo —pidió Tim con una sonrisa traviesa, soltando sus brazos de ella. Eme asintió con una pequeña sonrisa forzada, sintiendo un nudo en la garganta ante la cercanía entre Tim y Don. Bajó a su hijo al suelo y tomó su mano por un instante antes de ser soltada, observando cómo el niño corría hacia su padre con alegría desbordante lo que le produjo una sensación extraña en el corazón. Don recibió a Tim con los brazos abierto

