Eme despertó de golpe, con un dolor punzante en el cuero cabelludo mientras Ornella la arrastraba del cabello sin piedad. Intentó resistirse, pero sus fuerzas la abandonaron rápidamente; los días en aquel sótano oscuro y húmedo habían minado su energía. Se sentía débil, desorientada y desesperada. —Levántate, maldita —repetía Ornella, su voz fría y llena de desprecio, lejos había quedado la mosquita muerta que le decía signora y nunca levantaba su mirada, era como otra persona, como Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Y ese Hyde parecía dispuesto a lastimarla sin ningún tipo de reparo. Eme finalmente se puso de pie, tambaleándose en medio de su estado confusional. La luz que entraba por la puerta entreabierta la cegó momentáneamente después de tantos días en ese sótano oscuro. Se preguntaba qué caraj

