Narra Clara Por la mañana, me despierto y veo a Renzo sentado al borde de la cama, sin camisa y vestido solo con un par de joggers, con una gran taza de café para mí. —Buenos días—gruñe. Acepto la taza y tomo un sorbo somnoliento antes de colocarla en la mesa de noche—.Podría acostumbrarme a eso. Café a primera hora. —Te estoy malcriando. Quizás debería parar. —Por favor, no lo hagas—bostezo y me estiro, gimiendo como un gato—.Dios, esta estúpida cama es tan cómoda. No sabía que hacían camas que se sentían así. —Sólo cuando gastas una pequeña fortuna. —Vale cada centavo. —Estoy completamente de acuerdo—se aleja de mí y se levanta, caminando hacia la cómoda. Toca algunos de los cristales allí, empujando un bonito jaspe —¿Por qué las rocas? —Cristales—corrijo. Y no sé si es todo

