Mi lista de enemigos

870 Words
Estoy de pie frente a ese miserable de Alekdandr, observando su rostro completamente sorprendido. Sé que no es ningún imbécil, y su expresión indica que no creerá absolutamente nada de lo que estoy a punto de revelar. — No intentes verme la cara de imbécil, Paulina. No puedo creer que ese niño sea mío. —No es un niño, Alekdandr. Son dos. Tendré gemelos. Y créeme, no estaría frente al hombre que me violó si no fuera cuestión de vida o muerte. Me percate de que él se quedó pensativo durante unos minutos y decidí continuar. — No te estoy mintiendo, Alekdandr. Si dudas, fácilmente podemos comprobarlo con una prueba de ADN cuando nazcan mis hijos. Estoy completamente segura de que tú eres el padre. Pero si no confías en mí, puedo irme sin problemas y fingir que nada de esto sucedió. Él detiene mi brazo como sabía que lo haría— No te irás a ningún lado. — Así es como está la situación. Estoy esperando a tus hijos, y Massimo Salvatore quiere matarme. No tardará en descubrir que no estoy muerta. Vendrá aquí y me matará junto con tus hijos. Lo único que quiero es que nos protejas. — Está bien. Serás mi sumisa. Reí fuerte, no caeré en lo mismo— Por supuesto que no seré tu sumisa. Ni permitiré que me toques nunca más, lo que quiero es tu protección y que mis hijos no sean bastardos, que lleven el apellido que les corresponde. — Si esos niños son realmente míos, tendrán todos los derechos que merecen. Serán mis primogénitos y los próximos líderes de Rusia. Sin embargo, si es mentira y no llevan mi sangre, los mataré a ellos y a ti. Te doy mi palabra que si eres la madre de mis primogénitos serás mi mujer y la dama más poderosa de Rusia. — Es lo menos que puedes hacer. Dentro de unos minutos, él llamó a algunos sirvientes con un gesto imperioso. Me guiaron por pasillos oscuros y opulentos, hablando en ruso entre ellos, palabras que se deslizaban por mis oídos sin encontrar sentido. Sinceramente, me sentía como en un juego peligroso. No sabía si esos bebés eran suyos, pero al menos durante estos meses ganaría un respiro, aunque fuese temporal, para permanecer en este lugar. Aunque él despertara mi repugnancia, era consciente de que se convertía en mi única tabla de salvación en este torbellino de situaciones. Al entrar en la habitación, quedé impresionada por la amplitud y el lujo que la caracterizaban. Era un espacio considerable, con detalles que irradiaban opulencia. Las sábanas, impecablemente blancas, mientras las paredes se vestían en un tono que confería luminosidad y serenidad. La opulencia se manifestaba también en las decoraciones cuidadosamente elegidas, que adornaban las paredes en un sutil tono marfil, creando un contraste armonioso. Cada detalle parecía haber sido pensado con precisión, sumando a la elegancia del lugar. Me dejé caer con cansancio en la cama, buscando desesperadamente un respiro. Mis dedos exploraron mi estómago con una caricia suave, como si intentaran transmitir calma a través de la piel. ¿Cómo podría querer a estos pequeños si sus posibles progenitores eran monstruos? Uno de ellos me violó y el otro mato lo que más amaba en este mundo. La duda se apoderaba de mí, y la sola idea de que se parecieran a esos seres despiadados me llenaba de rechazo. En mi mente, esos bebés eran más como herramientas, instrumentos para obtener el poder que anhelaba, sin importar los lazos emocionales que pudieran surgir. Después de la pérdida de Diego, mi pequeño bebé, el amor se desvaneció de mi vida. Él era mi corazón, mi razón de ser, y con su partida se llevaron consigo la luz y la esperanza que alguna vez existieron en mi mundo. La sombra de su ausencia se extendía sobre mí, y la culpa de no haber podido protegerlo ni cuidarlo pesaba como una losa en mi corazón. Había defraudado a mamá y a Diego, pero ya no permitiría que esa sombra se extendiera a más vidas. Mi determinación se fortalecía, y con una promesa tácita, juré no volver a fallar a nadie más. La venganza se convirtió en mi propósito, y cada responsable de la muerte de mi amado bebé pagaría por su crueldad. Mi camino se trazaba en la oscuridad, pero yo, decidida, caminaría hacia la justicia, llevando el peso de mi dolor convertido en determinación. La oscuridad se apoderaba de mi alma y no me importaba convertirme en un monstruo para saldar cuentas con aquellos que me causaron tanto daño. Mi lista de enemigos estaba clara y precisa: Massimo Salvatore encabezaba la lista, seguido de cada m*****o de su retorcida familia. Los French, y por supuesto, los Romanov no escapaban a mi furia, especialmente Alekdandr, ese miserable que se atrevió a herirme. La sed de venganza latía en mis venas, y no habría piedad para ninguno de ellos. Cada uno pagarían con creces, sufriendo las consecuencias de sus acciones. Mis ojos reflejaban una determinación fría y despiadada mientras trazaba mi camino hacia la justicia retorcida que anhelaba. La sombra de la venganza se cernía sobre mi existencia, dispuesta a devorar a aquellos que habían osado herirme.
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