El mismo día New York Nicky Supongo que todos somos presos de nuestras emociones. Es ese impulso inexplicable que nos arrastra a lanzarnos sin paracaídas, como si el vértigo fuera la única forma de sentirnos vivos. Pero la mayoría de las veces, o casi siempre, nos asusta vivir lo que dictamina el corazón. Porque ahí, justo ahí, donde todo tiembla, también habita el miedo. Sí, hay algo de cobardía en eso… mezclado con recelo, con esa sensación incómoda de estar demasiado expuestos. Porque amar nos vuelve frágiles. Nos quita las defensas, nos deja abiertos de par en par, a la espera de que alguien decida si cuidarnos o herirnos. Y si eso no fuera suficiente, se suma el hecho de que ya nos fallaron. Que una vez creímos, y el golpe fue tan fuerte que aún retumba. Entonces… cómo cuesta con

