La misma noche Islas Maldivas Cristal Dicen que lo más peligroso no es un extraño, sino alguien que conoces. No hay forma de protegerte de él: sabe cómo acercarse, cómo jugar con tu mente, y cuando ya es tarde, se adueña de tu vida y de tu inexperto corazón. Estás a su deriva, sin posibilidad de escapar. En mi caso, David era peligroso de una forma contradictoria. Lo detestaba, me sacaba de quicio, y aun así había algo en él que me atraía de una manera absurda. Tal vez no estaba lista para aceptar que el idiota tenía su encanto. Y aunque todo en mí gritaba que corriera, no podía dejar de pensar en ese desconocido sin rostro que nos acechaba. Quizás era mi imaginación. Quizás no. Pero mientras lo averiguaba, necesitaba mantenerme “a salvo”. Había decidido interrogar a David con sutilez

