Dos meses después Islas Phi Phi, Tailandia Cristal Mi hijo… mi pequeño Eric… llegó para marcar un antes y un después en nuestras vidas. Ese día, el de su nacimiento, creo que ambos estábamos nerviosos. David estaba paralizado, aterrado… pero después de unos cuantos gritos reaccionó. Y diría que, cuando el llanto de nuestro bebé retumbó en el quirófano, todo cobró sentido. Descubrimos el milagro de la vida. La prueba de nuestro amor estaba entre nuestros brazos. Los días siguientes cambiaron por completo nuestra rutina: biberones, pañales, noches en vela… pero lo que más me conmovía era ver a David en su rol de padre. Tenía una paciencia que jamás imaginé que tendría. Se volvía casi un ritual verlo cada vez que sostenía a Eric entre sus brazos: tarareaba una canción, hacía gestos gracio

