La música retumbaba en el antro mientras me movía al ritmo del bajo, sintiendo la vibración recorrer cada fibra de mi cuerpo. El alcohol quemaba mi garganta, pero no me importaba. La noche era mía.
Observé a mis amigas levantar sus pequeños vasos en un grito y luego llevárselos a la boca, la chica tenía indicaciones—mis indicaciones—de seguir llenando nuestros vasos, pero el mío se encontraba vació y no me gustaba.
Miré a todos lados hasta dar con la barra, los chicos detrás de esta se movían de un lado al otro. El lugar estaba abarrotado de gente, tanta que apenas cabíamos dentro. Mis pies se mueven tranquilos y seguros. Estoy en el único antro liberado, acá ningún clan manda y eso lo hace mejor. La mezcla de personas marca una diversidad interesante, como lo era ahora ver al capo de la mafia rival de mi padre hacer negocios con otros.
«Tal vez podría escuchar un poco y decirle a mi padre…» Descarto esa idea automáticamente, a nadie le importa una mierda lo que tenga para decir. Mi padre piensa que mi lugar es un adorno, mi hermano es el maldito consentido aunque no tenga las pelotas para llevar esto.
Doy dos pasos más antes de que golpeen mi cuerpo y caiga en uno de los sillones, justo en la falda de alguien. Me quejo y giro mi rostro para ver al sujeto que ahora arquea una ceja.
—Wow, papà ora manda carne fresca per i suoi sporchi affari. [Vaya, papi ahora envía carne fresca para sus sucios tratos.]
Observé el frío en sus ojos, la mandíbula apretada y aquel rastro de fastidio. Arquee mi ceja mientras sentía como la sangre comenzaba a borbotear por mi cuerpo.
—Mi dispiace, principessa, ma non mi piacciono le cose facili. [Lo siento, princesa, pero no me gustan las cosas fáciles.]
Lo mataría, me encargaría de pasar un cuchillo por su garganta de una punta a la otra, solo para bañarme con su sangre, pero antes.
—Facile? No. [¿Fácil? No.]—Lo repase con la mirada—. Sono molto esclusivo con quello che ricevo, mi sento fortunato, di solito non mi siedo nella spazzatura. [Soy muy exclusiva con lo que me toca, siéntete afortunado, no suelo sentarme en la basura.]
Sus ojos quemaron, pero levanté sin volver a mirarlo. Sabía quién era, no gracias a mi padre. Me había aprendido a escondidas el rostro de todos nuestros enemigos, solía escapar de casa y no era factible morir mientras lo hacía. Aun así, no recordaba su nombre. Solo que pertenecía a una familia importante y que mi padre lo odiaba.
Volví a caminar a la barra, mi mano se levantó para llamar al chico que solo tardo unos segundos en llegar frente a mí.
—Guapo, tengo las manos vacías y mi tarjeta sigue en su poder.
Sus ojos me repasaron un momento mientras se relamía los labios. Le sonreí coqueta y busco unas botellas para hacer un trago en ese momento. Me giré un momento buscando a mis amigas, pero solo me encontré con la mirada del sujeto al que había tratado de basura momentos atrás. Le guiñe un ojo y volví a mi búsqueda antes de caminar donde estábamos para encontrar a mis amigas.
Me quede con ellas, mis caderas se mueven, cierro los ojos marcando el ritmo. Unas manos se posaron en mis caderas, el pecho duro hizo contacto con mi espalda, sonreí de costado y abrí mis ojos encontrándome de nuevo con la mirada del imbécil que me había insultado. Levante la copa en su dirección mientras la respiración del hombre que tenía en mi espalda hacía cosquillas en mi cuello.
—Que bien hueles, princesa.
Sonreí mientras relamía mis labios y giraba. Me encontré con un desconocido de mirada intensa, sus ojos ámbar se veían oscuros y penetrantes, llevaba el cabello desordenado. La cicatriz en su barbilla y pequeño olor a whisky dejaba en claro que significaba peligro. Y yo lo amaba.
—¿Quién dijo que soy una princesa?
Mi mano subió por su cuerpo, la línea de abdominales me hizo sonreír y relamer mis labios mientras lo observaba. Justo lo que necesitaba en este momento, un sujeto que me diera sexo duro y sucio.
—¿Me estás diciendo que eres una gatita salvaje?
Su dedo tomó mi mentón subiéndolo un poco, sonrió de lado mostrando sus dienten blancos en el proceso.
—Creo que deberías saber, que no me gusta los juegos, princesa.
—Estaba segura de que querías jugar conmigo.
Baje la mano por directo al bulto entre sus piernas. Sus ojos brillaron con desafío mientras me encargaba de subir y bajar la mano en todo el proceso. Su mano tomó mi cuello para llevar su boca a la mía posesivo. Me acerque a él sintiendo el gusto vainilla, canela y robe. Su perfume estaba en todo mi sistema mientras se encargaba de excitarme solo con su boca.
Se apartó de mí, me observó antes de tomar mi mano y llevarme directo al pasillo donde estaban los baños. Sonreí para mis adentros. Que te den Leonardo Mancini, me obligarían a casarme con él, pero no tendría nada de mí.
Nos metimos a uno de los baños, su cuerpo colisiono de nuevo contra mío, presionándome contra la pared mientras el mundo exterior dejaba de existir. Movió su boca por la mía antes de bajar a mi cuello. Sus manos subieron el vestido que llevaba puesto, llegó al costado de mis bragas para arrancarlas haciéndome jadear y gemir en el acto.
Mi boca fue a su cuello para lamer la zone mientras bajaba sus pantalones, lo sentí contra mi carne. Mis dedos tomaron su cabello con fuerza.
—Será mejor que te pongas condón, cariño—mi tonó fue frío—, o no solo tendrás el pene adolorido, te dejaré sin decendencia.
Su boca se curvo mientras sacaba el paquete y lo abría. Me empujo con fuerza antes de tomar mi pecho y morder haciéndome jadear. No estaba siendo tranquilo, había algo animal en la manera que buscaba la satisfacción del momento.
Sentí su glande rozar mi entrada y segundos después como me invadía con fuerza provocando un gemido en ambos. Su boca volvió a la mía, nuestros cuerpos colisionaron en una batalla y la necesidad de llegar a ese punto de satisfacción me hizo restregar las caderas contra su cuerpo con más intensidad.
Su mano se aferró de mi nuca, sus movimientos se volvieron más rústicos mientras la otra sostenía mi trasero. La carne me ardía, mi piel transpirada y la respiración caótica era todo lo percibía hasta que simplemente explote en mil pedazos.
—Delizioso. [Deliciosa.]
Aquellas palabras salieron rasgadas de su boca mientras se clavaba en mi interior. No estaba mal, follaba como un condenado, pero aquí acababa todo. Su boca intento volver a la mía, pero corrí el rostro.
—Gracias. Ahora, necesito volver.
Sus ojos se entrecerraron y lo observé sin ningún tipo de emoción. Si pensaba que iría tras él estaba equivocado. Se apartó, sus ojos me analizaron, podía ver esa pequeña pizca de curiosidad, pero la ignoré mientras caminaba a limpiarme y acomodar mi cabello.
Retoque mis labios y guarde todo antes de tomar el vaso que deje con alcohol en el lavado, me volví hacia él que ahora permanecía en la pared con los brazos cruzados.
—Bien, un placer—caminé a la puerta.
—Será mejor que vuelvas a casa, princesa—su tonó ronco me detuvo—. Está noche, no es la mejor para que estés por aquí.
Me giré para quedar frente a él, sus ojos parecían dos pozos vacíos. Su advertencia un pacto silencioso.
—Me parece una buena noche—dio un paso en mi dirección.
—Como quieras, pero no digas que no te lo advertí.
Tomó mi mentón para dejar otro beso. No fue igual, este era frío, ajeno y me provoco que los bellos en la nunca se me encrespara. Arrugue la nariz y recordé las palabras de mi padre.
«En el sombrío universo donde las sombras y las pasiones se entrelazan, el "beso de la muerte" no es solo una sentencia, sino una condena escrita en sangre y pasión. Un solo roce de labios puede sellar no solo el destino de tu vida, sino el abismo ardiente de tu alma, atrayéndote hacia una oscuridad de la que no hay retorno.»
No me detuve a pensar, salí de ahí directo a donde estaban mis amigas. Sus ojos dieron conmigo, pero estaba concentrada en mirar a mi alrededor. No veía al sujeto por ningún lado, pero ahora había más rostros conocidos, todos de distintos clanes y cada uno de ellos enemigos de mis padres.
—Merda. [Mierda]
Mis manos fueron directo a los brazos de mis amigas, para tomarlas y salir de ahí. Sentía la mirada de alguien en mi nuca, pero no me detuve a mirar, solo camine a paso firme y las subí al auto. Mire a mi guardia apenas subimos al auto, solo hice una seña y arranco.
A la mañana siguiente, la resaca golpeaba mi cabeza cuando me levante de la cama.
—Solo los fuertes sobreviven en un mundo como el nuestro—la voz de mi padre dentro de la sala me hizo poner los ojos en blanco—. Eres el depredador o presa—module las palabras en silencio, pues me las sabía de memoria—. Este mundo no es para débiles.
Le guiñe mi ojo a uno de los guardias que acababa de mirarme antes de hacer mi aparición triunfal en la sala. Tres pares de ojos giraron en mi dirección, cada uno de ellos tan conocidos como siempre.
Mi padre estaba sentado en su sillón de cuero, con un puro en la mano, Vincenzo Costello impecable como siempre, daba órdenes a los sirvientes. Mi hermano, el heredero de toda esta mierda, me dedicó una mirada desaprobadora. Para ellos, yo no era más que una pieza de ajedrez en su imperio, destinada a ser casada con un aliado poderoso.
Leonardo Mancini.
Detestaba la idea de tener que casarme con él, al parecer mi única función en esta vida era casarme con un hombre para generar una alianza poderosa y ampliar nuestro poder. Daba para más.
—Alguien decidió aparecer—murmuró mi hermano.
Pequeñas líneas se formaron alrededor de los ojos de mi padre, sus brazos se abrieron para recibirme y di dos grandes pasos antes de chocar mi cuerpo contra el suyo.
—papà.
—Il mio bambino. [Mi bebé]
Sus labios se apoyaron en mi frente antes de que me hiciera una pequeña bendición. No comprendía del todo esa parte, éramos mafiosos, todos los que habitaban en este lugar lo eran. Los Costello manejaban gran parte de la mafia aquí en Italia. La gente dentro de esta casa se dedicaba a matar personas y traficar, pero tenía mi bendición.
Miré de reojo como mi hermano ponía en blanco los suyos.
—Non mi salute? [¿No me saludas?]
Sus palabras eran tal falsas como su sonrisa. Para Enrico era una consentida, me quería, pero su enojo hacia mi persona era tal que no podía evitar ser borde y mal intencionado. Yo lo amaba, pero no entendía su enojo hacia mi persona, nunca lo pude comprender, él tenía más privilegios.
No se lo conocía como la princesa de mafia. El tributo de los mafiosos.