Afuera, la mansión seguía conservando su antigua gloria, pero en cada grieta, en cada sombra, yo veía la oportunidad de reconstruir, de reclamar lo que era mío. La lucha por el poder estaba en marcha, y aunque el rechazo de mis propios hombres dolía, también me empujaba a ser más fuerte, a demostrar que mi derecho a gobernar, dejarle en claro a todos que era tan Costello como los hombres. Mientras el aire frío del amanecer me envolvía, mi mente no paraba de recordar lo que decían. La palabra "no eres digna" resonaba en mi mente, pero yo estaba decidida a transformar esa acusación en el estandarte de mi renacer. —Si no confían en mí, tendrán que ver cómo deshago de cada uno—le hable a Adrián que no paraba de mirar a todos lados. —¿Tú? ¿Matar? —Soltó una risa baja mientras movía la cabeza

