Ida murmuró palabras que Cordillera no pudo entender. Tenían ritmo, un compás. Parecía una canción, una nana. * * * Una niña pequeña con un vestido corto amarillo estaba de pie en un rincón. Tenía el pelo largo y rizado y le cubría casi toda la cara. Sosteniendo en ambas manos una cesta llena de claveles blancos y rojos, dijo: —¿Qué haces aquí abajo? Galatia miró a su alrededor. Recordaba este lugar. Debería estar completamente oscuro sin antorchas encendidas. Por alguna razón, la zona brillaba. Todo tenía un tinte amarillo cobrizo. Las paredes, el suelo y el techo eran de roca, tierra y vigas de madera. Estaban en las catacumbas, bajo el Castillo Deed. —No es seguro. Deberíamos irnos —dijo Galatia. —No hay forma de salir de aquí. —La boca de la niña no se movió al hablar, o si lo hi

