Desde el día que nos casamos insistí en que me vendieran esta casa, y lo había logrado bastante rápido la verdad, hace un mes que llevamos casados con Yan, y yo ya había logrado mi cometido, claro está que una gran parte de mi fortuna se fue al estado, la casa había sido seleccionada como patrimonio nacional, y por ese mismo motivo valía bastante, de todas formas y por más cara que estuviera, para mí, fue como sacarle un pelo a un gato, ni siquiera lo sentí. Me había encantado ver aquella sonrisa en su rostro, cada que la veo sonreír es como si me diera vida, cursi lo sé, pero es así como me siento, amo verla feliz, y fue eso lo que vi en sus ojos cuando miro aquella casa, felicidad pura. —¿le guato la sorpresa? — preguntó Rebe, asentí – eso es bueno, ¿vas a desayunar ya? – dijo —no

