Cuando Roman logró abrir sus ojos, su mente confusa intentó registrar lo que estaba viendo. A diferencia de las últimas semanas, el techo no estaba hecho de madera desgastada, no había pequeñas luces de multicolores colgando detrás de su cabeza, el colchón no se sentía rígido bajo su espalda y lo más notable de todo, es que no se encontraba el pequeño cuerpo acurrucado ya sea sobre él o enterrado a su costado como estaba acostumbrado. Frunciendo el ceño, el alfa intentó enderezarse e inmediatamente lo dejó cuando todo el mundo a su alrededor se sacudió con dicho movimiento. Volviendo a recostarse sobre su espalda, tomó profundas respiraciones lentas para controlar el dolor. Y mientras hacía aquello, comenzó un chequeo mental de sí mismo para averiguar qué estaba mal y cuánto dolor tenía

