Recostado sobre su abdomen, con su rostro apoyado en sus manos, Ollie observó fijamente a Roman, admirándolo dormir tranquilamente sin ninguna molestia en su varoniles facciones. Sus labios se fruncieron cuando pensó nuevamente en las palabras del guapo hombre, cómo le había aceptado tan fácilmente con sus peculiaridades y sus dulces palabras, expresándole lo hermoso que era en su única forma. Oliver simplemente no podía creer que había tenido tanta suerte. El solo pensar en que Roman descubriera su secreto le había aterrado hasta la medula, pero este ni siquiera se inmutó cuando contempló sus orejas sobre su cabeza o su cola sobresaliente en su espalda. El guapo hombre lo trató como si fuera cualquier otra persona normal, y lo que más le había encantado a Ollie, fue que cuando en su e

