Pov: Dafne White
—. Estamos casados, señorita White.
— ¡¿Qué?! —abro mis ojos y exclamo.
No, estoy en algún sueño.
Golpeo mis mejillas y cierro los ojos, yo no conozco a Logan Wallace, conocí a un Bruce, que se le parecía y... le regalé mi boleto de crucero, esto es alguna alucinación, me desmayé de los nervios y deliro.
Me quito el cubre bocas para respirar bien porque hasta siento me quedé sin aire.
— ¿Qué haces? Sabía que eras rara, pero esto ya roza lo demente —abro mis ojos.
— ¡Jesús! ¿Es una broma, no? A ti te encanta bromear y fastidiarme —niega arqueando una ceja.
— No bromearía con algo así, créeme que estaba impactado al enterarme, yo solo subí a ese crucero porque parecías divertida, de allí a casarme, no gracias, eres muy gruñona —frunzo el ceño.
— Por eso el anillo.
— ¿Tienes un anillo? —asiento.
— Pensé que era de juguete, ahora comienzo a dudar. Debo regresártelo, esto es una locura. ¿Cómo sucedió? —trato de calmarme.
Se apoya en el frente de su escritorio cruzando sus piernas en sus tobillos, con sus manos apoyadas sobre la madera.
— Los del crucero me han dicho que las vegas fue al mismo y al estar en altamar, era legal casarse —me dejo caer en un sillón que hay allí.
— No puedo creer que hice algo así. ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? Soy una extraña —reclamo.
— Nos divorciaremos, está en proceso todo, firmaremos los papeles que mi abogado prepare y listo, encontrarte es realmente lo que necesitaba para acelerar esto, está claro que ninguno de los dos quiso esto —asiento recuperando un poco de cordura.
— ¿Así de simple? —asiente.
— Como si nada hubiera pasado —repite con alivio.
— Estoy confundida, tú me mentiste, dijiste que te llamabas Bruce, además; aceptaste mi boleto, no es como que tú no puedas pagar un boleto —sonríe de lado.
— Te gusta el pleito, gruñoncita —ruedo los ojos.
— No me digas así —suspira y camina hacia mí.
— No te mentí, querida esposa. Logan Bruce Wallace, así me llamo, pero me gusta que me digan “Bruce” las chicas guapas —me guiña un ojo y frunzo mi ceño.
— Eres insólito, estoy en estado de trauma, eres el insensible jefe de mi mejor amiga y me he casado contigo, esto no es real, ni lógico —inhalo y exhalo.
— Así que eres amiga de Coleman. ¿Te mandó a cubrirla por su influenza?
— Sí, porque ella sí está mal, no para hacerla trabajar sin importarle su salud —se encoje de hombros ante mi reclamo.
— Todos siempre quieren días libres y mienten, no fue su caso y me alegro por ello.
— No sé qué es lo que sigue, Logan, Bruce.. ni sé cómo debo decirte —se acerca a su escritorio.
— Como más te guste, Dafne, anota tu número aquí —me extiende su teléfono—, te enviaré un mensaje para que nos reunamos mañana a hablar de los detalles, luego firmaremos los papeles y estaremos libres —suspiro procesando esta locura.
— Todo suena súper simple —sonríe mostrando sus dientes tan blancos.
— Lo es, Dafne, porque ambos queremos que esto se solucione.
— No comprendo por qué aceptaste mi boleto, si tú podías comprar uno —le extiendo su teléfono porque ya anoté mi número en él.
— Tú lo ofreciste y me pareció una buena idea.
— Hoy debía cubrir a Grace y ahora...
— Descuida, te llevaré a tu casa, no tienes que quedarte —muerdo mi labio inferior y lo miro apenada.
— No es necesario, yo caminaré, tomar aire me hará bien —me ignora y camina a la puerta.
— Camina, gruñoncita, que quiero saber dónde vives, no vaya ser que te me escapes luego de saber que estás casada con el soltero más codiciado de Los Ángeles —ruedo los ojos.
— Lo presumido sigue ahí, por lo que veo —salimos de su oficina y las miradas están sobre nosotros.
— Haz cumplido el sueño de muchas —salimos del lugar y él me guía a un auto deportivo que no me extraña sea de él.
Aún no me lo creo.
— Que sueños extraños tienen algunas —expreso.
Abre la puerta para que suba y luego se acomoda en su lugar.
Coloco la dirección en su GPS y me lleva a casa, cuando le cuente a Grace le dará algo.
Llegamos a mi casa y me bajo del auto, él también lo hace para acompañarme a la puerta.
— No huiré, tranquilo, no tienes que asegurarte de que sea mi casa —me escudo.
— Tengo que asegurarme, desayunemos mañana —arqueo mis cejas—, para terminar esto bien, me lo debes, me hiciste subir a ese crucero y me amarraste, Gruñoncita —ruedo los ojos.
— De acuerdo, solo porque quiero que veas no soy una gruñona —sonríe con picardía.
— Me agradas, esposita —abro mis ojos.
— Oye, no digas eso —se carcajea.
— Te pasaré a buscar a las 9 —me guiña un ojo alejándose hasta su auto.
Este hombre es de lo que no existe.
Aunque no se parece en nada a lo que Grace describió, sí, es presumido, descarado y molesto, pero desalmado y ogro, no ha sido.
Entro a la casa y froto mi rostro agotada, esto solo me podía pasar a mí.
En mi sillón está Grace sentada en una punta y en la otra Julia; mi compañera de trabajo y ex amiga. ¿Qué hace aquí?
— Julia...
— Solo vengo a hablar bien, Daf
— Dile Dafne, maldita traidora —escupe Grace—, si no estuviera enferma te arrancaría los pelos.
— Grace, descuida que yo me encargo —mi amiga se levanta y la mira con la peor cara.
Cuando entra a la habitación me cruzo de brazos y miro a Julia.
— ¿Qué haces aquí?
— Lo siento, Daf, no quise que esto fuera así, pero vengo solo a mantener la paz, sé que está mal visto, pero Ben y yo empezaremos algo, de verdad quiero que funcione...
— ¿Quieres mi permiso? ¿En serio has venido a esto, Julia? Mira… —me interrumpe parándose de su lugar.
— Solo vengo a decirte que no intentes alejar a Ben de mí, sé que no lo superas y que te costará mucho hacerlo, pero deja de pedirle que vuelva contigo, porque él siente tanta pena por ti que piensa hacerlo, pero por ti, debes saber que no es por amor real —esto es lo más estúpido que escuche.
— ¿Qué yo le he pedido para regresar? —esa rata cómo se atreve a decir eso.
— Sí, él me contó que le has rogado regresar, pero no hagamos esto, Dafne, las cosas pasan por algo —concuerdo con ella.
— Vete de mi casa, Julia —escupo molesta.
—Ya todos saben que él no quiere regresar contigo, deja de humillarte, de mujer a mujer…
— ¡FUERA DE MI CASA! —ella camina a la salida y me lleno de enojo.
No le bastó con engañarme, ahora dice estupideces de mi, haciéndome quedar como la tonta, él de verdad cree que sigo llorando por él. ¡Maldito!
— Daf... ¿Estás bien? ¿Qué pasó? —no les daré importancia.
— Nada, estupideces de Julia, eso no importa.
— ¿Te descubrió el imbécil de Wallace, no? —pregunta al verme de nuevo y temprano.
— Oh... eso —paso saliva—. ¿Te acuerdas del desconocido del crucero?
— ¿El de la follada salvaje que olvidaste? —asiento avergonzada por eso.
Pero es la verdad.
— Es tu jefe, Grace —abre la boca como pez fuera del agua.
— No juegues, Daf —niego.
— No juego, Grace, él es el tipo del crucero y eso no es todo —me mira expectante—, el crucero llevó las vegas al lugar y... —aprieto los labios—, me casé con él.
Su boca de abre de forma exagerada y se queda muda.
Muerdo mi labio inferior esperando algo de ella, pero está muda.
— Grace, di algo.
— Daf, tú sí que sabes superar a un ex y... no me jodas, Wallace es un idiota —ruedo los ojos.
— No lo parecía, descuida, mañana firmaremos los papeles del divorcio y fin, solo será el recuerdo de…
— Que te cogiste al tipo que todas sueñan. ¡Dios mío! Sabes lo que es para el público femenino imaginar solo una noche con él, casarse es... ¡Woow! No es mi tipo, pero igual, Daf ¡Doble Woow! —comienzo a reír.
— No me acuerdo de la noche, así que eso no cuenta.
— Sí cuenta, mi amiga es la esposa de mi jefe —nos carcajeamos.
— Basta, mañana se acabará, fue un día de locos, Grace.
— De verdad que sí, eres una perra suertuda, amiga —ruedo los ojos.
No lo creo, la suerte no es lo mío.
...........
Termino de alistarme y al salir él ya está esperándome apoyado sobre su auto. Resalta demasiado en mi barrio, debí decirle de encontrarnos en el café.
— Buenos días, esposita —niego mordiendo mi labio inferior.
— Tus chistes no son nada graciosos, Logan —llego hasta él—. Buenos días, casi que no dormí, ayer fue un día lleno de estrés.
— Hoy se acaba, relájate, gruñoncita —sonrío divertida.
— Sí, hoy acaba, si tuviste que pagar algo por esto...
— Dafne, descuida, tengo todo arreglado —asiento y subo a su auto.
Nos encaminamos a un cafetería y al llegar bajamos par ir a la entrada, cuando entramos él se frena.
— Olvidé mi teléfono, espérame aquí —me quedo en la puerta esperándolo.
— Daf... —me volteo y veo a Ben junto a Julia.
— Dafne, qué gusto encontrarte —Julia actúa muy amable y solo ruedo los ojos.
Los ignoro, la verdad no me importan.
— Deberíamos ir a otro lugar, no creo que le haga bien a Daf vernos juntos tan bien y ella tan sola, Ben —arqueo mis cejas.
¿En serio acaba de decir lo que dijo? ¡Maldita perra!
— Lo siento, Daf, si tú quieres podemos ir a otro lugar —él también.
No si no tiene cara, idiota.
— Listo aquí... —Logan llega a mí y por un momento pierdo el juicio.
En un intento de mantener mi dignidad en alto y verlos reventar de la rabia o envidia.
— Cielo, te tardaste —Logan me mira extraño.
Me acerco a él, lo tomo de las solapas de su saco y solo estirando mi rostro un poco pego mis labios a los suyos.