—Hijo de puta— le gruñó directamente. Lo escuchó jadear de dolor y vio su otra mano levantarse para golpearla, le sonrió directamente —Sí, golpéame— prácticamente lo desafió. Bloqueó ese golpe con facilidad y lo desvió y lo alejó de ella, como había aprendido a hacer una vez. Luego torció ese brazo que tenía agarrado, hasta que él gritó de dolor, lo escuchó crujir y romperse, y él gritó de dolor. Luego lo soltaron solo para darle una patada en la rodilla. Observó con satisfacción cómo él caía al suelo de rodillas, emitiendo más dolor, y le agarró del cabello y le echó la cabeza hacia atrás para obligarlo a mirarla. —Si vuelves a tocar a mi amiga, te haré sufrir.— le gruñó y se inclinó hacia él, su rostro a apenas una pulgada del suyo, Harper se asomó para mirarlo fijamente. —Sufrirás u

