XXIX Amy temblaba dentro del auto. Ya su fortaleza inicial se estaba opacando con el miedo y ansiedad, muy intensos ambos, que sufría desde su noche de bodas, donde lo que fue como niña consentida había muerto por completo. Su vestido era hermoso, tan escotado, ella lucía espléndida, a pesar de que en su espalda se apreciaban pequeñas cicatrices. Le pidió a Lolita que le tomara una fotografía de su espalda, y suspiró tranquila al ver que no quedaba casi nada de las cicatrices del cinturón con la que Emmett solía golpearla. Para sus piernas usaba un madero, y en su rostro con los puños bastaba. Ese recuerdo le erizó la piel, cosa que Jerom notó, e intentó calmarla. —Todo estará bien. Vas con Tramonte del brazo… Amy sonrió. Era su primera vez en un restaurante así de lujoso después de c

