XXXIX Everett, o lo que quedó de él, observaba con paciencia a los médicos que iban a revisar su estado y progreso. Su tubo de la garganta iba a ser retirado pronto, ya saliendo de ese coma, podría empezar su real proceso de recuperación. Fue un milagro. Se había roto casi todos los huesos del cuerpo, pero hizo bien al intentar proteger su cabeza. Así entonces, poco a poco, todo iba a soldar de nuevo en su ser, sin que quedaran secuelas muy graves como una invalidez de sus piernas, o brazos. Ese día lo habían logrado sentar en la camilla, algo que agradeció profundamente. Ya tenía una limitada autonomía y se movía de a pocos, levantaba muy débil sus brazos, aunque lo importante es que lograra hacerlo. Además, sus expresiones faciales ya estaban mucho mejor. De ese día no recordaba casi

