XXVII Él serpenteaba sobre su delicado cuerpo, encendido por cada jadeo que salía de aquella dulce boca. Le daba besos a cada pequeña cicatriz que aún la ataba a Emmett; ahora sería él quien dejara su rastro, solo que esta vez era de amor y deseo puro. —Ah Dios… —jadeó Amy cuando las yemas ardientes de Jerom se deslizaron por sus piernas, hasta sus pechos. Algo era muy diferente. Él no parecía desesperado en solo penetrarla, la pasión desbordada se traducía en ternura. Ella no recordaba haber tenido sexo de esa manera, entonces entendió eso de «hacer el amor». Ahora por fin lo vivía en los brazos tan fuertes de su amado CEO. Ella se levantó un poco, sorprendiendo a Jerom. Había algo de penumbra, aun así, podía ver sus tentadoras curvas. Se sentó en el abdomen de él, provocándolo. —¿Qu

