XIII Sentía como si estuviese metida en una caja, con voces que la llamaban desde afuera. No sentía dolor en ninguna parte de su cuerpo, creyó que entonces solo estaba dormida, o había caído desmayada por no comer lo suficiente y trabajar mucho. Una caricia algo áspera rozó su mejilla, era cálida, fuerte. Su nombre en esa voz tan gruesa le hizo abrir los ojos, tenía que saber de quién se trataba. —¡Amy! ¡Por dios! ¡Despierta ya! —decía esa preocupada persona. —Jerom… estás aquí… —Sí, Amy, me llamaron al trabajo diciendo que te habías desmayado, vine tan rápido como pude… La joven se dio cuenta de que no estaba soñando y de un grito que asustó a los presentes, quedó sentada en el sofá en el que la habían acostado. Llevó las manos a su pecho, ahora recordaba lo horrible que había sido

