XLVI El jadeo constante de la boca de su amada en llamas lo estaba enloqueciendo. Él apenas si podía mantener el ritmo desenfrenado de aquella mujer que al parecer había esperado demasiado para estar con él. Lo que debía ser una conversación en medio de lágrimas y exigencia de explicaciones, se tornó en una faena de sexo incontrolable, cuando Amy, solo corrió hasta Jerom, se le tiró encima para besarlo y olfatearlo, debía saber si se trataba del hombre de su vida, o de solo una copia, un clon que hubiera podido hacer esa loca mujer Price. Jerom apenas pudo sostenerse con ella encima, estaba realmente sobrepasado por lo que sucedía, que no era para nada como lo había imaginado. No obstante, Amy estaba hecha un mar de hormonas que aún no se acoplaban de nuevo, por el embarazo y el parto.

