Valentina Camine con dificultad con el pequeño entre mis brazos, al girar el pomo de la puerta y tratar de salir rebote inmediatamente. Frente a mí estaba un chico como de 1.85 cm, corpulento (más bien diría que era una muralla) con una cara de pocos amigos que daba miedo nada más verlo, vestía un traje n***o y corbata azul, por la pinta parecía ser un guardaespaldas de alguien muy importante, de esos que visten con marca hasta los calzoncillos y que no comen en ningún lugar que no sea de cinco estrellas Michelin. Podría seguir pensando mil cosas, pero no era tiempo de esas burradas, mucho menos ver quien estaba de tras de él, este niño necesitaba encontrar a su familia y me encargaría personalmente de que sucediera o me dejo de llamar Valentina Ortega. — ¿Dónde cree que va señorita? No

