Capítulo 7: Jugando en el fetiche de Mágnum

1023 Words
Capítulo 7: Jugando en el fetiche de Mágnum Me quedé estupefaciente procesando lo que me dijo. Este era el misterio de Mágnum Rivers. Le gustaban los pies. De repente los flash back de Mágnum en todo momento desde que nos conocimos vinieron a mi mente, cuando me quité las sandalias en el auto y él pareció de repente más tenso, o cuando insistió en darme sus zapatos para que no me maltrata los pies... incluso esta tarde, cuando veníamos para acá y me pidió que me cambiara los deportivos por unas sandalias. Todo era por mis pies. —¿Con los pies? —pregunté aún incrédula. Él sonrió un poco. —Sí. —respondió. No lograba comprender como alguien podía gustarle los pies o como podía sentir placer solo con los pies. —Esto... perdón —dije incrédula— no comprendo. Noté como relamió sus labios y susurró: —Déjame demostrártelo. Se me erizó la piel ante sus palabras y afirmé con la cabeza diciendo: —Vale. Él pareció complacido de mi disposición y señaló algo que estaba a los laterales de mi sofá con una inclinación de cabeza. —Ponte la mascarilla de gatita. —pidió. Tragué pesadamente saliva, esto iba cada vez más raro, le obedecí observando la marcarilla negra que colgaba al lateral del sofá, era oscura con lentejuelas en forma de orejas de gato que cubría la mitad de la cara y me la coloqué en el rostro para cubrírmelo. Mágnum se le oscureció la mirada, nunca me sentía tan sexi como ahora lo estaba, mi cuerpo algo tembloroso y caluroso al sentir que la intensidad era palpable en la habitación roja. —Sube tus pies aquí —dijo Mágnum y señaló sus piernas. —Vale. —susurré alzando sus piernas y colocando mis pies en sus muslos, no iba a mentir, esto se sentía muy excitante, los nervios haciendo que mi respiración se agitara ante la expectativa. —No puedes hablar. —dijo Mágnum, sus ojos grises en la luz roja parecía sobresaltar como reflectores enigmáticos. ¿Él sería consiente de que parecía todo un dios frente a mí? Relamí mis labios cuando empezó a acariciarme los pies con sus manos, primero suave, como si me los evaluara en un masaje, después tomó mi pie derecho por el tobillo y fruncí el ceño cuando vi que se empezó a acariciar la cara, su rostro pareciendo muy placentero, como si fuera una leve caricia de las manos, pero solo que él usaba los pies. Era muy extraño. Jamás había visto a alguien parecer tan calmado y pasionado con unos pies acariciándole la cara. De repente se metió mis dedos a la boca y empezó a lamerlos con su lengua, paseándola alrededor de mis dedos en una caricia que la sentí directo en mi vientre y me hizo calentar el cuerpo entero, jadee de la impresión turbulenta. No esperaba que realmente fuera excitante para mí que me tocara los pies. —Perdón —susurré sabiendo que se suponía no debía de hablar y yo había... gemido. Sentí mis mejillas un poco rojas cuando él me miró, sus ojos grises oscurecidos cuando susurró: —Así, así me gusta jadea no te resistas gatita. Volvió a lamer los dedos de mis pies y entonces eché mi cabeza hacia atrás y jadee sintiendo que me lamía todo el cuerpo, me encantaba esto, su osadía y lo nuevo que era este extraño placer s****l. —Tienes unos pies preciosos. —susurró. Pasando su lengua por la planta de mi pie, tuve que aguantarme de los laterales del sofá sin poder parar de retorcerme del placer. Mierda. Esto era intenso. Él se acomodó el pantalón con un mano y fue cuando mis ojos cayeron ahí en su cremallera que noté el enorme bulto de su pantalón, sintiéndome osada y dejándome llevar por el momento, moví mi pie libre hacia su erección sobre el pantalón empezando a moverlo por toda su cremallera con suavidad, él echó la cabeza hacia atrás nublando en el deseo que yo le provocaba, hasta que finalmente se sacó mi pie de su boca y con los ojos oscurecidos dijo: —Quiero que salgas —me pidió. ¿Uh? Detuve la caricia que le hacía y lo miré incrédula. —Pero ¿eso es todo? —pregunté, ¿acaso no le gustó lo que le hice? Mágnum evitó mi mirada, parecía estar poniendo todo su autocontrol para no abalanzarse encima de mí. —Iremos paso a paso en estas cosas que me gustan. —explicó. —Vale. —dije, es decir, me había quedado con las ganas no solo que me lamiera más los pies, sino todo el cuerpo. Debía de estar mal por alguien que acababa de conocer, pero... no podía dejar de sentir esta atracción, sin embargo aun se sentía algo extraño todo esto de su fetiche. Era todo muy nuevo. Uhm, ¿De verdad no follaríamos? Y si era así... ¿Qué haría con la erección que le dejé? Me levanté para ir a la puerta pero vi que él no se levantó. —¿No vienes? —le pregunté. —No, dame un momento. —respondió sin mirarme. Salí y cerré la puerta a mis espaldas pensando en lo extraño que había sido todo esto y preguntándome también con cuantas chicas él había hecho esto. MÁGNUM RIVERS Maldije entre dientes con el recuerdos de sus pies en mi entrepierna, sus suaves pies en mi boca, en sus gemidos al disfrutarlo tanto como yo. Abrí los ojos soltando un suspiro, esto no ayudaba, miré el techo y pensé en lo mucho que me gusta el helado de chocolate, entonces sentí como la erección empezaba a bajar, había prometido no follar con ella, pero esto sería intimo, solo que quería hacerlo paulatinamente para no asustarla. Ya estaba mejor, ya podía levantarme sin encorbarme de la dureza de mi polla. Mi teléfono sonó robando mi atención y miré el nombre de Marisol reflejarse en la pantalla, solté un suspiro y contesté vaya momento para que se antojara de llamarme. —Hola Marisol —dije. —Hola mi querido prometido. —contestó.
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