Capítulo 5: La casa de Mágnum Rivers
Si me invitaba a una cena de negocios, quería decir que no estaba casado... o al menos ¿quién era tan descarado para llevar a la chica con la que salía a una cena de negocios teniendo familia?
Mágnum no parecía descarado.
De hecho parecía ser alguien muy serio y comedido en todo lo que hacía... pero aquí estaba nuevamente mi pregunta, ¿a qué se dedicaba Mágnum Rivers?
Él arrancó el auto y me sentía algo nerviosa al pensar en que estuviera yéndome con alguien que desconocía y tenía un lado tenebroso que apenas estaba empezando a descubrir.
Él era un completo desconocido, pero sentía que no podía apartarme de él, es decir, era la única persona que se había atrevido a ayudarme en este país.
—¿Estás bien? —preguntó Mágnum probablemente al notar que me había quedado muy callada.
—Sí. —murmuré y forcé una ligera sonrisa.
—Luces algo nerviosa. —comentó y lo miré, él me veía de reojo no pude evitar notar nuevamente los músculos de sus brazos fuertes y ese porte de modelo que parecía sacado de alguna película.
Realmente Mágnum estaba bastante guapo, tenía dinero de sobra, era simpático y todas esas cualidades él las sabía.
Me atraía de la misma forma de que me convencía de que nadie podía ser tan perfecto.
—Bueno —dije—, es la primera vez que voy a la casa de mi sugar Daddy.
Él mantuvo una ligera sonrisa y estiró su mano tomando la mía sobre mi pierna, su tacto me estremeció, su mano era cálida y suave, todo el cuerpo se me calentó en cuestión de segundos al igual que mi rostro, tragué pesadamente saliva, no debería de tener esta reacción, es decir, solo me tomó la mano y además...
Él me había dicho que no follaríamos.
Pero... ¿Acaso esta atracción solo la sentía yo?
—No haré nada que no quieras. —dijo finalmente y entonces, me soltó la mano volviendo a colocarla sobre el volante.
Enseguida extrañé su toque, era muy extraño porque con él me sentía muy protegida.
Ese era el problema, sentía que sí quería, y apenas lo acababa de conocer ayer, joder, ¿tan necesitada estaba de amor?
Solté un suspiro y mordí mis labios mirando a través de la ventana cuando cruzamos al portón que resguardaban unos hombres armados.
Creo que se me salió la sangre del cuerpo.
¿Por qué estaban armados? ¿en qué me había metido?
Él estacionó el auto y nos bajamos, me quedé muy impresionada al ver la enorme casa donde se suponía él vivía, pero es que era demasiado grande como para que viviera solo una persona ahí, además de que habían también muchos autos estacionados.
—¿Es una casa conjunta? —pregunté mientras empezaba a seguirlo a la entrada, tenía más sentido que en toda esta casa vivieran muchas personas.
—No —frunció ligeramente el ceño como si no comprendiera mi pregunta—, ¿por qué lo dices?
—Por todos estos autos —señalé mirando alrededor y me abracé a mi misma sintiéndome de repente nerviosa.
—Son míos. —explicó con simpleza, como si fuera normal tener 10 autos deportivos últimos modelos frente a una enorme casa deslumbrante.
—Uhm, te gustan muchos los autos. —comenté.
Él me miró y dijo:
—Me complace usar uno diferente cada semana.
Vaya.
Humildemente.
Cosas de ricos, porque ni siquiera yo tenía auto.
No le dije nada solo sonreí con incredulidad cuando entramos a la casa, por dentro era aún más espectacular todo estaba bien cuidado, ordenado y limpio, todo parecía de lujo.
—Siéntete como en casa —dijo empezando a caminar a la cocina y preguntó:— ¿Quieres un poco de vino?
—Está bien. —dije siguiéndolo, sintiendo que estaba en una especie de museo de clase alta en cada rincón de la casa.
Todo era simplemente espectacular, la cocina era de vidrio y detalles negros que solo había visto en revistar.
Miré a Mágnum, él tomó un vino de la nevera y lo abrió en un sonido seco, solo lo miré mientras lo hacía, sus músculos contrayéndose y sus ojos grises pareciendo enigmáticos cuando tomó dos copas y me miró para acercarse a mí con una ligera sonrisa que lo hacía ver completamente atrayente.
Sentí que me estremecí.
Este hombre era capaz de acaparar toda mi atención, además de que estábamos solos... nuevamente me encontré pensando a qué fetiche era el que se refería.
Mi curiosidad crecía cada vez más.
—Brindemos. —dijo Mágnum colocando las copas en el mesón sirviendo un poco de vino en cada una, él tomó la suya alzándola hacia mí y yo tomé la otra imitándolo.
—¿Por qué brindaremos? —pregunté con una ligera sonrisa.
Él fijó sus ojos grises en los míos diciendo en un susurro:
—Porque ahora estas conmigo, gatita.
Me estremecí por lo que dije y lo miré tomar de su copa, alcé una ceja y pregunté:
—¿Ahora sí me dirás cual es tu fetiche?
Mágnum bajó su copa manteniéndome la mirada y dijo:
—Ahora sí.