[CAPITULO 4] SUS CARICIAS

896 Words
Sus besos descendían por mi cuello, una sensación deliciosa que me erizaba la piel y tensaba mi cuerpo. Era una experiencia totalmente nueva, un torbellino de emociones que me desorientaba. Sentía sus manos recorrer mi cintura, mis costados… ¿Qué le pasaba a mi cuerpo? Juro que me asustaba, me sentía a la vez aterrada y tan excitada que no sabía cómo explicarlo. Se detuvo y me miró a los ojos. —No voy a detenerme —me susurró al oído, haciendo que mi corazón latiera aún más rápido. Me dio un beso fugaz y luego dio dos pasos hacia atrás, comenzando a desabrochar su camisa. Mis mejillas ardían por su acción. ¡Por Ala, iba a desnudarse! Giré el rostro para no verlo. No quería verlo. Terminó de quitarse la camisa, revelando su torso duro, completamente descubierto. Se quitó los zapatos, quedándose solo con sus pantalones y calcetines. Volvió a acercarse a mí, ahora sin camisa, puso sus manos en mis mejillas y me obligó a mirarlo. Acercó su rostro nuevamente al mio beso tras beso, bajando por mi cuello, donde pude sentir la humedad de sus labios, su lengua acariciando mi piel, haciéndome estremecer tanto que dejé escapar un gemido. ¿Qué me estaba pasando? ¿Qué me estaba haciendo? ¿Esto era normal? Eran las preguntas que me hacía a mí misma mientras todo se descontrolaba. —Relájate —dijo al oído, lo que me hizo estremecer aún más al escuchar esa voz ronca, cargada de deseo—. Será más fácil si te relajas. Será más fácil para ambos, ¿bien? Yo… yo asentí sin saber muy bien qué hacer. —Buena chica —dijo, y luego: —Ahora, date la vuelta. ¿Qué? —Que te des la vuelta, ponte de cara a la pared y no te muevas. Dudé si hacerlo o no, pero cuando intenté decir algo, mis palabras se quedaron atoradas al sentir cómo me giraba con sus grandes manos y me pegaba a la pared, tal como me había indicado. Abrí los ojos por la sorpresa de ser girada, luego sentí sus manos recoger mi cabello, dejándolo a un lado, guiando sus dedos y acariciando la parte de mi cuello donde apartó el cabello hasta llegar a mi clavícula. Se sentía… se sentía extraño, pero bien. Cerré los ojos sintiendo sus caricias. Sentí su aliento en mi cuello, sentí cómo él se inclinaba detrás de mí y se frotaba contra mí, haciéndome sentir su dura, realmente dura erección hacer fricción contra mi trasero, haciéndome gemir su nombre. —Emir —dije en un susurro, a lo que él reaccionó presionando más mi cuerpo contra la pared. Sus manos estaban a cada lado de mi cintura, sosteniéndome con fuerza, lo que me hizo soltar otro gemido. Era demasiado para mí. Todo esto era demasiado. Sus caricias, sus besos me estremecían. Su voz, sus acciones me hacían sentir cosas que nunca había sentido. Coló su mano derecha al frente y fue subiendo desde mi vientre bajo hasta mi pequeño seno derecho, el cual acarició con sus manos. Lo presionó y me robó otro gemido. Hacía todo esto mientras seguía besando mi cuello. Coló la otra mano al frente y hizo lo mismo con mi seno izquierdo, haciéndome gemir. Sentía mis pezones duros. ¡Por Ala, qué le pasaba a mi cuerpo! Soltó mis pechos y llevó sus manos al cierre de mi vestido, el cual quedaba en mi espalda, y cuando iba a bajarlo, me sobresalté. —¿Qué… qué haces? —Dije con voz temblorosa. Él soltó el cierre y volvió sus manos a mi pecho, apretándolos como hacía un momento, sacándome otro sonoro gemido. Mi rostro estaba rojo, ruborizado, sentía vergüenza por sus toques, por los gemidos que salían de mi boca involuntariamente. —Voy a desnudar a mi esposa. ¿Desnudarme? ¡Qué! ¡No pienso! Llevó sus manos al cierre y lo bajó con una destreza y rapidez que no me dio tiempo a replicar, y mi cara se puso aún más roja. Él me dio la vuelta y quedamos cara a cara. Me miró a los ojos y me volvió a besar, esta vez con más intensidad, y yo no sabía qué hacer. Traté de mover mis labios para seguir su ritmo mientras sentía cómo iba deslizando mi vestido por mis hombros mientras me besaba, y yo… yo no sé si quería esto. Nunca nadie me había tocado de esta manera o besado. No conocía esta sensación hasta ahora, y se sentía… se sentía, no sé cómo expresarlo. Sentí el vestido caer y sus labios no se habían apartado de los míos. ¡Estoy desnuda frente a un hombre! Sentí que desabrochaba mi sostén y lo iba sacando con delicadeza para luego abandonar mis labios y terminar de sacarme el vestido. Se inclinó para quitarme mis tacones, y mientras subía, iba besando mis piernas y yo jadeaba. Mientras se ponía de pie, besó mi abdomen, el valle de mis senos y volvió a besar mis labios. No podía dejar de pensar que ahora solo me cubrían las bragas blancas que tenía puestas. Su voz me sacó de mis pensamientos. —Baja tus manos —me dijo, soltando mis labios ahora hinchados por sus arrebatadores besos. —¿Cómo? Y fue él quien las bajó. Inconscientemente, había llevado mis manos a mi pecho para cubrirlos.
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