[CAPITULO 2]

1125 Words
**El Camino Incierto** Me acerco al espejo, una última vez, para detallar cada pliegue del vestido que anuncia mi pureza. Un vestido blanco perla, seda que se adhiere a la parte superior, con delicados bordados en las mangas y en el dobladillo. Mi cabello, suelto bajo el *hiya* a juego, enmarca un rostro donde los labios lucen su color natural. Los zapatos blancos de tacón medio me elevan ligeramente, y siento la mirada de Sanem sobre mí. Me giro hacia ella. —Estás hermosa —comenta Sanem, su voz teñida de asombro—. Aún no puedo creer que te cases. Todo ha sido tan precipitado que no he tenido tiempo de asimilarlo. ¿Quieres hablar? Todavía nos queda tiempo. Asiento, deseando que sus palabras disipen un poco el nudo en mi garganta y la humedad en mis manos temblorosas. —Lo sé. Yo tampoco puedo creerlo. Estoy tan asustada, Sanem. No sé qué será de mi vida ahora. No lo conozco. Me pareció tan frío. Me intimida su mirada, su voz… y su toque. Eso causó algo en mí que jamás había sentido. Me asusta. Sanem me mira sorprendida, sus ojos interrogantes. —¿Toque? ¿Te ha tocado? ¿De qué hablas, Belgin? ¿Qué toque? Comienzo a narrarle los dos encuentros a solas que tuvimos: el día del compromiso, su agarre en mi hombro al entregar el presente; su mano en mi barbilla para obligarme a mirarlo a los ojos; su agarre en mi cintura para que no me apartara, y por último, sus palabras: "Tú y yo hablaremos en nuestra noche de bodas". Observo cómo la mandíbula de mi amiga se desencaja mientras le cuento, sus ojos se abren cada vez más, y eso solo aumenta mi nerviosismo. —Pero qué descarado —la oigo exclamar. —¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasa? —La veo mirarme con incredulidad, para luego negar con la cabeza. —Eres muy inocente, amiga. Estoy a punto de preguntar por qué, pero dos toques en la puerta ponen fin a nuestra conversación. Antes de que podamos responder, la puerta se abre y una figura entra, mirando a Sanem con fingido enfado. —¡Oye, qué hija más ingrata he criado! Llegas y no buscas a tu madre para saludarla. ¿Acaso no me has extrañado? Sanem se pone de pie y se encamina hacia su madre con una sonrisa. Ambas se envuelven en un abrazo amoroso y cálido. Contemplo la escena con nostalgia, preguntándome si todo hubiera sido diferente si mamá estuviera aquí. La tía Hasan me mira con una sonrisa cálida en el rostro, detallándome de pies a cabeza. —Qué hermosa estás, cariño. El señor Emir será un hombre con suerte. Mis nervios se activan solo con escuchar su nombre. —He venido a regañar a Sanem, pero también a decirte que todo está listo. El señor Emir te espera abajo, al final de la escalera. Y *pum*, ahí está. El temblor recorre mi cuerpo. Sé que no habrá vuelta atrás. Respiro profundo, cuento hasta diez. Sonrío, ocultando mis nervios, y asiento. Me encamino hacia la puerta, saliendo de mi habitación. Bajo por la escalera, y ahí está él. Su traje de novio le queda espectacular. Ese cabello n***o le otorga un aire misterioso, al igual que sus ojos, tan negros como la noche. Jamás había visto unos ojos tan oscuros como los suyos. Tiene la vista en su móvil, tecleando con ambas manos. Es el sonido de mis tacones al caminar lo que capta su atención. Levanta la mirada y me observa de una forma que no logro descifrar. Mi corazón late rápido en mi pecho con cada paso que doy. Su mirada intensa está sobre mí, aumentando aún más mis nervios. Llego al final de la escalera, esperando escuchar alguna palabra de su boca, quizás un halago, pero no dice nada. Solo me mira y se coloca a mi lado. —Vamos —dice finalmente, extendiéndome su mano. La acepto, y comenzamos a caminar hacia el jardín en total silencio. Veo un par de rostros desconocidos, supongo que su familia y amigos, algunos socios de papá. Nos saludan con un asentimiento a cada paso. Llegamos a la mesa donde se sellará la unión legal. El *kadı* (juez) ya está listo, solo esperaba por nosotros. Ambos tomamos asiento en nuestros respectivos lugares. A mi izquierda se encuentra Sanem, que será mi testigo, y a la derecha de Emir se sienta un hombre muy apuesto de cabello claro y ojos verdes. Será el testigo de Emir. —Aún no puedo creerlo —lo escucho decirle a Emir—. Mi amigo va a casarse, ¿en serio? Pensé que era una broma cuando me pediste ser tu testigo. —Yo no bromeo, Kaan —le responde Emir—. Sabes que nunca lo hago. Ya quiero acabar con esto —dice con impaciencia, sin importarle que yo esté a su lado y pueda escuchar su conversación. —Calma —dice el hombre a su lado, que ahora sé que se llama Kaan, el mejor amigo de Emir. El *kadı* comienza la ceremonia, mencionando la importancia de la unión, del amor, del compromiso y lo vital que es el matrimonio en la vida del hombre. Todo transcurre con normalidad. Damos el "sí", y cada uno firma lo correspondiente. Después de nosotros, firman nuestros testigos, y ya es oficial. Soy la señora Arslan, lo que me causa un miedo terrible. Es un cambio tan grande para mi vida. Llega el momento de las fotos, y me tenso aún más con las poses que nos pide el fotógrafo, en las que tenemos que estar demasiado cerca. Siento cómo posa cada mano a los lados de mi cintura, y me sobresalto con su toque, lo que lo incita a presionar más mis caderas, como si temiera que saliera corriendo, como si tuviera esa opción. Soy súper pequeña y delgada delante de él, que es muy alto. Nos unimos a la celebración, donde todos beben, bailan y conversan, y yo solo quiero salir de aquí. Me siento sofocada, asfixiada, pero a la vez no quiero irme, porque no sé qué pasará ahora. —Debemos irnos ahora —lo oigo decir—. Ve a despedirte. Me despido de papá con un abrazo, informándole que ha llegado el momento de irnos, a lo que él asiente con notoria nostalgia y alegría a la vez. Me despido de la tía Hasan, quien me informa que mis cosas ya están en casa de Emir. Cuando llega el turno de Sanem, me susurra: —Suerte, amiga. Espero que seas muy feliz. Nada más lejano de la realidad, porque no sabía el infierno en que este matrimonio convertiría mi tranquila vida.
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