—Pero nos acabamos de casar —lo interrumpo—. No entiendo qué pasa, ¿por qué me dices esas cosas? —No me casé contigo por decisión propia. Nunca lo hubiera hecho de no ser por papá. No estarías sobre mi cama y no tendría que fingir que te he follado y que te he desvirgado. Necesito estar en la empresa dos años más para independizarme; en dos años nos divorciamos, y luego tú harás tu vida y yo la mía. Cada quien tomará su camino y hará con su vida lo que quiera. Tendrás todos los beneficios que conlleva ser la señora de Arslan; no te faltará nada. Sé que tu familia tiene dinero, no tocaré ni un centavo del tuyo, y al divorciarnos te quedarás con todo lo que es tuyo, además de una compensación bien pagada por ser mi esposa durante dos años. Mis ojos se abren de asombro al escucharlo decir e

