Ya dejé a Esra en su casa y ahora voy directo a la de mis padres. Mientras conduzco, recuerdo todo el transcurso de esta noche: el cambio que dará mi vida, y por primera vez, al estar con Esra, siento una culpa que no debería estar ahí. ¡Por Alá! No he dejado de pensar en ella, en cómo estará. Aparto esos pensamientos cuando estaciono el auto en la entrada. Ya es muy tarde, y me sorprende ver las luces encendidas. Entro a la casa y, al dirigirme hacia las escaleras para llegar a mi habitación, una figura sentada me deja paralizado. Detengo mis pasos y me quedo quieto, mirándolo directamente a los ojos. —¿En dónde diablos estabas a estas horas, en tu noche de bodas? —me pregunta con un tono de furia total, pero hay algo más. No estaría así de enojado solo por no haber estado aquí en una

