El sonido de mi hermosa bestia desaparece cuando desacelero frente al muelle. Todo mi cuerpo está frío por la brisa que me estuvo golpeando en todo el camino, pero en cuanto me quito el casco, un frío más intenso me acaricia las mejillas. Mantengo mis ojos expectantes porque sé muy bien que, aunque no estoy en una zona peligrosa, esto es el terreno de un traficante que sabe que lo estamos cazando como a rata carroñera. Hasta ahora, no tenemos pruebas suficientes para encerrarlo. Algo en común tienen los lacayos que distribuyen las drogas del Cuervo en la ciudad. Ninguno de ellos deja huellas. Saben hacer el trabajo sucio bastante limpio, la verdad. Hasta ahora, van un paso adelante y no sé cómo carajos lograr salir librados siempre. Erik Simmons lo ha hecho muchas veces. Ante la soci

