As de corazones

1156 Words
El avión iniciaba el despegue, con la voz del piloto de fondo, indicando todas las medidas de seguridad que deberían de tener en caso de alguna emergencia. El viaje a Polonia era extraño, porque Lucas generalmente viajaba en primera clase. Esta vez, debido a que tenía que llegar en esa fecha de manera urgente y los boletos que acostumbraba a comprar estaban totalmente agotados, había tenido que ir en clase económica. El sillón era de todo menos cómodo, además de que no existía mucho espacio. Tras la discusión inicial, la pareja que compartía asiento, estaban fundiéndose en un beso profundo en pleno despegue. No habían dejado de besarse durante cinco minutos, aunque la rabia seguía presente en ambos. Curioso lo que es el amor. - No me has dicho cómo te llamas – le indicó el hombre mientras se separaban por un instante. Sus labios se volvieron a entrelazar. - Helen… mi nombre es Helen ¿Cómo es el tuyo? – le preguntó en otro pequeño espacio. - Lu – fue interrumpido por otro beso. Lucas… me llamo Lucas. - ¿Y a qué te dedicas Lucas? - A conquistar extrañas en aviones – respondió sarcásticamente. - ¿Ah sí? Pues se te da bien… de una manera muy retorcida y enferma se te da bien querido. - ¿Te parece? – seguían fundiéndose en besos apasionados. Siguieron en la misma tónica diez minutos hasta que el hombre quiso tocar de más. - No… o por lo menos aquí no – le indicó la mujer. La rubia se levantó del asiento y con el dedo le indicó que la siguiera. El hombre hizo caso y en un santiamén estuvo tras la pista de su compañera. Cuidando que nadie los viera, ingresaron al baño al mismo tiempo. El resto es historia. Veinte minutos después, salió la mujer despelucada y el hombre abrochándose el cinturón. Volvieron a sus asientos con calma. - ¡Hey azafata! – gritó Helen con un tono de voz grueso. - Dígame señorita – la atendió de manera inmediata. - ¿Me podría regalar un vaso de agua? - Con mucho gusto – obedeció y se dirigió a la cocina del avión. - Ahora sí… Lucas me dijiste ¿Verdad? - Sí y tú eras… - No te hagas el imbécil conmigo, no te va a funcionar. - Ya me funcionó una vez. - ¡Qué gracioso eres! - Lo sé – Lucas sonrió de manera jocosa. Entonces Helen, dime a qué te dedicas ¿Qué te trae a Polonia? - Un asunto de negocios… o eso creía al principio. - ¿A qué te refieres? - Había conseguido el contacto de una agencia de modelaje – dijo mientras recibía el vaso con agua que le alcanzaba la mujer. Pero al parecer todo se fue a la mierda y no podré presentarme. - ¿Por qué? - ¿De verdad te importa? - Estaremos más de ocho horas aquí… no creo que te importe hacer algo de charla. - En eso tienes razón. Bueno… por donde empiezo. Inicié mi carrera muy temprano, casi a los ocho años, siempre con trabajos muy pequeños o cameos en comerciales reconocidos. Siempre estuve asesorada por mi madre… pero en los últimos años digamos que no se encuentra bien. Por lo tanto, me he venido financiando mi carrera de manera autónoma… pero no sabes lo que cuesta hacerlo. - ¿A qué te refieres? - Bueno, no es un mito todo lo que dicen acerca de los productores y directores en diferentes ámbitos del cine… en el modelaje es igual. Nadie quiere contratarte para una pasarela si no se la chupas o si no te acuestas con ellos directamente. Son unos malditos descarados… sinceramente no sé que hacer. - ¿Y por qué a Varsovia? – cuestionó de manera intrigada. - Se supone que una amiga mía ha tenido una buena experiencia con una agencia aquí, me dijo que pagaban muy bien y pasé el casting. - ¿Entonces? - La definición de buena experiencia para ella fue una maldita orgía con tres productores. - Santa madre de Dios. - Ya te imaginarás… es lo que me venía diciendo antes de chocarme contigo. Pensé en bajarme del avión y no mirar atrás… pero ya que, al menos conozco el país, puede ser una agradable experiencia para digerir todas estas decepciones, fracasos o malos momentos que estoy pasando. No sé como definirlos. - Vaya… que pena. Así que vas sola. - Oye, cada vez que abres la boca suenas más como un maldito pervertido. - Oh… lo siento, no me refería a eso. Quería saber si estabas dispuesta a aceptar continuar el viaje conmigo. Pues ya que veo que te encuentras en una situación crítica y yo voy solo, en calidad de empresario… pues que mejor que tener una compañía agradable como tú. - ¿Se te corrió el shampoo? Lucas soltó una carcajada que invadió toda la fila de primera clase. - ¿Te parece gracioso? – comentó indignada. - ¿Por qué eres tan esquiva? Es decir, ya pasó de todo contigo y no llevamos ni una hora de conocernos. - Bueno sí, supongo que la cagué, pero ahora estás desenfundando una labia tremenda para llevarme a la cama nuevamente. - Menos mal captaste que era un mensaje directo. Además, ahora si te podré llevar a la cama literalmente, esos baños son muy incómodos. Helen esbozó una sonrisa. - Ni siquiera sé a qué te dedicas maldito chalado. - Ah, soy dueño de una compañía de videojuegos, creo que la has escuchado, sacó hace poco el Hustle battle. - ¡No me jodas! Me la paso jugando en mis tiempos libres. - ¡Vaya! Al parecer cada vez me estás gustando más. - Idiota… - Entonces ¿Qué dices? ¿Quieres pasar el resto del viaje conmigo? - Maldita sea Lucas… pero si llego a observar algo raro, huiré de manera inmediata, aunque no lo creas me sigues generando desconfianza. Te tengo vigilado maldito imbécil. - ¿Podrías parar de una buena vez con los insultos? El resto del viaje se la pasaron hablando acerca de anécdotas que vivieron en su infancia y adolescencia. Cabe aclarar que el chico jamás le comentó acerca de la adicción que padecía por el juego. Simplemente le dijo que había invertido en criptomonedas en tiempos donde su valor era mínimo y tras la subida se había convertido en multimillonario. El avión aterrizó en tierras polacas y ambos realizaron el trámite pertinente para acceder al país. Al superar la aduana, una camioneta los esperaba afuera. Un conductor personal saludaba a Lucas. Al montarse en el auto, una botella de champaña los esperaba. Las copas desbordaban espuma casi cayendo sobre el vestido de la mujer. Helen estaba sorprendida de que todo lo que le había contado era cierto. No bastó más de un día para que ambos sintieran que algo llamado amor estaba asomándose.
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