No tuvieron contacto más allá de lo profesional. Esa semana solo fueron charlas intercambiadas sobre el trabajo, ella le iba explicando las tareas rutinarias y de vez en cuando eran encargados a hacer labores juntas. Las palabras eran cortas, las miradas breves y los silencios eternos. Fue como dos extraños sin mucho que decir, tímidos en lo suyo y enfocados en lo primordial. Aunque por dentro no era del todo cierto, él se atascaba con las palabras luchando por hablarle, pero ella se mantenía al margen a pesar de que deseara lo mismo. Olvidar parecía ser más una tortura que una solución, pero Dalia no iba a retroceder y Jan parecía haberse rendido. El viernes llegó como una canción triste. Llovía a cantaros y todos se veían con la misma expresión desganada de un típico día lluvio

