El jardín quedó sumido en un silencio de pánico y preocupación, las risas y sonrisas se desvanecieron, siendo reemplazada por la cruda realidad de la fragilidad de la vida y la vulnerabilidad del corazón humano. El aire estaba cargado de tensión, como si cada flor contuviera el aliento colectivo de los presentes, creando una atmósfera cargada de ansiedad. Los invitados silenciosos y cada uno con el corazón encogido, observaban la escena con una mezcla de incredulidad y dolor, la luna siendo testigo mudo de la tragedia que se desarrollaba, iluminaba con crueldad la escena, resaltando cada gesto de angustia en los rostros de los presentes. —¡Papá! —gritó Bastián, con la voz quebrada por la angustia resonado en el silencio abrumador, marcando un punto de quiebre en la celebració

