La familia Lefebvre se reunía alrededor de la tumba de su patriarca, ofreciendo sus últimos adioses. Las palabras de consuelo y los abrazos de apoyo se entremezclaban con el silencio del duelo, un silencio que se extendía como una sombra sobre la tristeza que cargaban en sus corazones. Sarah, con la delicadeza de una madre que ha aprendido a navegar por las aguas turbulentas de la vida, se acercó a Lucie para despedirse. Su voz, suave como la seda, buscaba reconfortar a la mujer que había perdido a su esposo, a su confidente, a su roca. — Lucie, nos vamos ahora. Pasaremos a buscar a nuestros hijos en casa de Abby. —Las palabras de Sarah, cargadas de una intención conciliadora, resonaron en el aire como un eco de un pasado que Vincent, quien estaba por despedirse

